La otra
tarde me topé con un programa de televisión que mostraba la terrible aventura
de 2 personas que en una excursión en la selva amazónica perdieron
el rumbo.
Habían decidido bajar por el río en una pequeña balsa que ellos mismos construyeron. Una roca acabó con su ilusión. Uno de ellos pudo nadar hasta la orilla, pero el otro fue arrastrado por la corriente, afortunadamente también pudo salvarse de las aguas.
El primer muchacho,
sin alimentos ni armas, emprendió una cauta caminata por la orilla del río
cuesta arriba, mientras que por la otra ribera, su compañero hacía lo mismo,
solo que éste tenía una mochila con todo lo necesario para una emergencia como
esa.
La primera noche, el primero de ellos despertó desesperado por el ataque de miles de hormigas rojas que le picaban todo el cuerpo.
Mientras que el otro, en el silencio de la noche y exhausto, fue despertado por la mirada fija y penetrante de
un felino que luego de observarlo por un rato, decidió
acercarse con firmeza. Desesperado, creyéndose perdido, el joven atinó a sacar
su desodorante y rociándolo sobre un encendedor pudo generar vistosas llamas de
fuego que asustaron al felino.
Muchas noches soñó que era atacado. Por las tardes, en ocasiones perdía el rumbo, se apartaba de la orilla por lo agreste del camino y luego de horas caía en la cuenta de que estaba andando en círculos, por instantes creía que era irremediable morir, que sería mejor esperar con resignación la muerte, pero sin embargo su instinto de supervivencia lo impulsaba a ponerse en pie y seguir andando.
Después de 7 días sencillamente no podía más, yacía tendido junto a la orilla cuando escuchó el zumbido de un motor, apenas pudo alzar la cabeza y ver que en una barca venía su compañero a buscarlo, había logrado llegar a un pueblo y pedir socorro. Esa era la tercera y última vez que la brigada salía en su búsqueda, si él no hubiera seguido andando, si él se hubiera rendido cada vez que descubría que caminaba en círculos, si no hubiera luchado por seguir la orilla del río, no lo hubieran encontrado.
Si con esa misma decisión, nos comprometemos con nuestra vida, enfrentamos nuestra depresión, desafiamos nuestras limitaciones, si con esa misma determinación caminamos buscando nuestra felicidad, aunque la selva sea enorme y las esperanzas nos abandonen, si seguimos luchando por nuestra dicha, por nuestros sueños, por nuestras metas, si somos capaces de vencer con astucia a nuestras penas y decepciones, si somos capaces de ponernos en pie y continuar, no importa que tanto esfuerzo requiera, la recompensa llegará, y entonces la plenitud de nuestra felicidad nos demostrará que todo lo andado valió la pena.
Hoy te animo a tener esa actitud, esa fuerza, esa determinación de conseguir tu felicidad, porque tú la mereces, porque tú puedes lograrlo.
Muchas noches soñó que era atacado. Por las tardes, en ocasiones perdía el rumbo, se apartaba de la orilla por lo agreste del camino y luego de horas caía en la cuenta de que estaba andando en círculos, por instantes creía que era irremediable morir, que sería mejor esperar con resignación la muerte, pero sin embargo su instinto de supervivencia lo impulsaba a ponerse en pie y seguir andando.
Después de 7 días sencillamente no podía más, yacía tendido junto a la orilla cuando escuchó el zumbido de un motor, apenas pudo alzar la cabeza y ver que en una barca venía su compañero a buscarlo, había logrado llegar a un pueblo y pedir socorro. Esa era la tercera y última vez que la brigada salía en su búsqueda, si él no hubiera seguido andando, si él se hubiera rendido cada vez que descubría que caminaba en círculos, si no hubiera luchado por seguir la orilla del río, no lo hubieran encontrado.
Si con esa misma decisión, nos comprometemos con nuestra vida, enfrentamos nuestra depresión, desafiamos nuestras limitaciones, si con esa misma determinación caminamos buscando nuestra felicidad, aunque la selva sea enorme y las esperanzas nos abandonen, si seguimos luchando por nuestra dicha, por nuestros sueños, por nuestras metas, si somos capaces de vencer con astucia a nuestras penas y decepciones, si somos capaces de ponernos en pie y continuar, no importa que tanto esfuerzo requiera, la recompensa llegará, y entonces la plenitud de nuestra felicidad nos demostrará que todo lo andado valió la pena.
Hoy te animo a tener esa actitud, esa fuerza, esa determinación de conseguir tu felicidad, porque tú la mereces, porque tú puedes lograrlo.
Fuente:
Motivalia

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