¿Cómo nos comportamos en las relaciones interpersonales? ¿Solemos confiar en los demás o no? ¿Buscamos la compañía de amigos, de la pareja o por el contrario tendemos a aislarnos cuando tenemos alguna preocupación? ¿Por qué actuamos así? Evidentemente, hay muchas posibles explicaciones y tal vez unas veces buscamos cercanía emocional y otras queremos distanciarnos. En esta ocasión nos vamos a centrar en un concepto que ayuda a explicar por qué tendemos a actuar del modo en que lo hacemos.
1. ¿Qué es el estilo de apego?
2. ¿De dónde surge el estilo de apego?
3. Relación de las personas según el apego
1. ¿Qué es el estilo de apego?
El estilo de apego es el grado de seguridad que experimentamos en las relaciones interpersonales. Se llama estilo porque cada persona tiende a comportarse de forma similar en distintas situaciones.
Ese estilo se forma en cada persona por la combinación de dos elementos básicos, que son la actitud (positiva o negativa) hacia uno mismo, es decir, una autoestima alta o baja, y hace referencia al grado en que cada persona se valora a sí misma, y a la actitud (positiva o negativa) hacia los demás, es decir, una confianza interpersonal mayor o menor y hace referencia al grado en que cada persona cree que puede confiar en los demás.
Es cierto que nuestra autoestima puede variar de un momento a otro, y también que confiamos más en unas personas que en otras, o que podemos perder la confianza en alguien en particular o encontrarnos con una persona que nos inspire mucha confianza aunque la conozcamos poco.
En cualquier caso, nos referimos a esas características que son bastante estables en nuestro comportamiento y que tendemos a manifestar en distintas situaciones y con distintas personas.
2. ¿De dónde surge el estilo de apego?
Surge de nuestra memoria. Desde pequeños hemos tenido experiencias (al principio, de forma casi exclusiva con nuestra madre u otro cuidador, y posteriormente con otras personas –otros miembros de la familia, amigos, conocidos...-) que nos han llevado a tener una autoestima alta o baja, y a una mayor o menor confianza en las otras personas.
En general, todos tendemos a comportarnos de un modo similar en distintas situaciones por nuestra propia personalidad. Por tanto, las interacciones con nuestra madre, con otros adultos que nos han cuidado o con otras personas, se han caracterizado por cierta estabilidad. Esas experiencias, a lo largo del tiempo, han ido fortaleciendo o debilitando la imagen que tenemos de nosotros mismos, y nos han llevado a confiar más o menos en que recibiremos apoyo (cuidados, protección, compañía, comprensión...)
Eso nos lleva a pensar que nosotros valemos más o menos y a que podemos contar o no con el apoyo de otras personas cuando las hemos necesitado.
Poco a poco nos vamos formando una idea acerca de nosotros mismos (autoestima) y acerca de los demás (confianza interpersonal). Esa idea queda almacenada en nuestra memoria para recuperarla cuando sea preciso. Y ese recuerdo –incluso aunque no seamos muy conscientes de ello- repercute en distintas manifestaciones en nuestras relaciones interpersonales.
Repercute no sólo en la infancia, sino también en otros momentos de nuestra vida, como pueden ser la adolescencia o la edad adulta. Y no sólo en las relaciones dentro de la familia, sino que esa idea la aplicamos en otros contextos (amigos, vecinos, compañeros de trabajo, relaciones de pareja...) Por ejemplo, cuando hemos experimentado algún problema personal, o cuando hemos tenido dificultades en el ámbito educativo o laboral, personas con diferentes estilos de apego tienden a comportarse de un modo típico y distinto del comportamiento de otros estilos.
3. Relación de las personas según el apego
Como hemos dicho, el estilo de apego se forma a partir de dos actitudes básicas que son la idea sobre sí mismo y la idea sobre los demás. De la combinación de ellas surgen cuatro estilos posibles que se comportan de forma distinta entre sí en las relaciones interpersonales.
- El estilo de apego seguro se caracteriza por una alta autoestima y una alta confianza en los demás, lo que le lleva a valorarse y a ser confiado, a tener facilidad para entablar y mantener relaciones nuevas. Se siente cómodo cuando está con otras personas, tiene menos tendencia a enfadarse y está muy capacitado para relaciones duraderas, satisfactorias y comprometidas. Cuando algo le preocupa (ya sea un problema personal, familiar, académico o laboral), tiene facilidad para expresar cómo se siente y está dispuesto a recibir ayuda.
- El estilo de apego rechazador se forma en una persona con alta autoestima pero baja confianza interpersonal. Es una persona que prefiere depender de sí mismo más que de otras personas, se consideran valiosas e independientes. No le gusta compartir sus pensamientos, sus sentimientos o preocupaciones con los demás; está convencido que los demás no pueden ayudarlo. Incluso, espera que -antes o después- las personas a su alrededor le fallarán cuando necesite su ayuda.
- La persona con un estilo preocupado se caracteriza por una baja autoestima y una alta confianza interpersonal. Se valora negativamente a sí mismo pero cree que los demás serán amables y lo aceptarán. Una de las metas más importantes en su vida es ser apreciado de verdad por otras personas. Experimentan mucha angustia por el temor a ser rechazados y sufren mucho cuando discuten con amigos, compañeros, etc.
- Por último, la persona con un estilo temeroso-evitador tiene baja autoestima y baja confianza en los demás. Tienen la impresión de que no le agradan a la mayoría de la gente. Evita los contactos interpersonales que implican cercanía emocional y así intentan protegerse del dolor de ser rechazadas. Suele tener relaciones interpersonales negativas, hostilidad, enfados frecuentes, celos...
Dr. D. Emilio Sánchez Santa-Bárbara
Facultad de Psicología
Universidad de Granada

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