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lunes, 11 de enero de 2016

Curso de relaciones humanas

Las seis palabras más importantes:
yo admito que cometí un error

Las cinco palabras más importantes:
has hecho un buen trabajo

Las cuatro palabras más importantes:
¿cuál es tu opinión?

Las tres palabras más importantes:
te importa si...

Las dos palabras más importantes:
muchas gracias

Y la palabra más importante:
nosotros.

Desconozco a su autor


martes, 10 de noviembre de 2015

Convención de los heridos de amor

Disposiciones generales:

A – Considerando que el dicho de que “en el amor y en la guerra todo vale” es completamente verdadero;

B – Considerando que en lo relativo a la guerra contamos con la Convención de Ginebra, adoptada el 22 de agosto de 1864, que determina cómo debe tratarse a los heridos en el campo de batalla, mientras que hasta hoy no se ha promulgado ningún documento que regule la situación de los heridos de amor, muy superiores en número;

Se decreta que:

Art. 1 – todos los amantes, independientemente de cuál sea su sexo, quedan advertidos de que el amor, además de ser una bendición, también es algo extremadamente peligroso, imprevisible, que puede acarrear serios daños. Por lo tanto, quien tenga la intención de amar, debe ser consciente de que está exponiendo su cuerpo y su alma a heridas de muy diferentes tipos, sin poder culpar por ello a su pareja en ningún momento, puesto que ambos corren el mismo riesgo.

Art. 2 – Una vez alcanzado por una flecha del arco ciego de Cupido, debe solicitarse inmediatamente al arquero que dispare la misma flecha en la dirección opuesta, con el objeto de no sufrir la herida conocida como “amor no correspondido”. En el caso de que Cupido se niegue a hacerlo, la Convención que en estos momentos se promulga exige del herido que de manera inmediata se arranque la flecha del corazón y la tire a la basura. Para llevar esto a buen puerto, debe evitar llamadas telefónicas, mensajes de correo electrónico, envíos de flores (siempre rechazadas), o cualquier otra forma de seducción, pues semejantes medios, si bien pueden dar algún resultado positivo a corto plazo, no resisten el paso del tiempo. La Convención decreta asimismo que el herido debe buscar sin falta la compañía de otras personas, así como debe imponerse al pensamiento obsesivo que le dice “vale la pena luchar por esta persona”.

Art. 3 – En el caso de que la herida provenga de un tercero, es decir, que el ser amado se sienta atraído por alguien que no estaba a priori en el guión, queda expresamente prohibida la venganza. En este caso, se permite el uso de lágrimas hasta que los ojos se sequen, así como algunos puñetazos en la pared o en la almohada, o reuniones con amigos donde poder insultar a gusto al antiguo(a) compañero(a), incidiendo en su perfecta falta de gusto, pero sin llegar a difamar su honra. La Convención determina que también se aplique en este caso la regla del Art. 2 que mueve a buscar la compañía de otras amistades, sólo que evitando en la medida de lo posible los lugares que la otra persona frecuenta.

Art. 4 – En lesiones leves, clasificadas aquí como pequeñas traiciones, pasiones fulminantes que no duran mucho, o desinterés sexual pasajero, debe aplicarse con generosidad y rapidez el medicamento llamado Perdón. Una vez aplicada tal medicina, no se debe volver atrás bajo ninguna circunstancia, y el asunto debe ser definitivamente olvidado, no utilizándolo jamás como argumento en una discusión o en momento de odio.

Art. 5 – En todas las heridas definitivas, también conocidas como “rupturas”, el único medicamento que tiene algún efecto se llama Tiempo. De nada sirve buscar consuelo en cartomantes (que siempre prometen el regreso del amor perdido), leer librosrománticos (que siempre acaban bien), engancharse a una telenovela o cosas por el estilo. Se debe sufrir con intensidad, evitando radicalmente las drogas, los calmantes o las oraciones a los santos. En cuanto al alcohol, sólo serán permitidos dos vasos de vino diarios.

Consideraciones finales
Los heridos por el amor, al contrario de los heridos en conflictos armados, no son víctimas ni verdugos. Optaron por algo que forma parte de la vida, y deben asumir, por consiguiente, la agonía y el éxtasis de su elección.
Y los que jamás fueron heridos por el amor, nunca podrán decir: “he vivido”. Porque no vivieron.

Paulo Coelho



miércoles, 22 de julio de 2015

¿Que es la amistad?

Es como el árbol a cuya sombra siempre vas a refugiarte. Es como el huequito a donde siempre vas a descansar.

Es como el lente a donde siempre vas a buscar la luz. Como un cojín para recostar la cabeza. Como un algodón para cubrir las heridas. Como un bastón para ayudarte a caminar.

Es el rocío de tu resequedad, la lamparita de tu tiniebla, el perfume de tu alma, la alfombra de tus pies ¡y la rosa de tu cruz!

La amistad es la antena para sintonizar amigas, el puente para dejar pasar, el conductor para hilvanar las almas.

La amiga es el rayito de sol de todos los días. Es la sonrisa prometedora de todos los proyectos. Es el estuche para guardar secretos y lágrimas.

Es la llave para saber qué pasa corazón adentro.
¡Cultívala y no la dejes ir!

Desconozco a su autor


viernes, 5 de junio de 2015

El amor

El amor no es dependencia.

¡El amor no es compartir nuestra soledad!

El amor no es deseo, no es fijación.

Apasionarse es el exacto opuesto del amor.

Cuando el ojo está limpio, el resultado es la visión. Cuando el corazón está limpio, el resultado es el amor.

Hablamos de lo que el amor no es y llegamos a la conclusión de que no puede ser dicho lo que el amor es. No se puede decir.

Amar significa, al menos, claridad de percepción y precisión de respuesta. Ver al otro claramente como es. Eso es lo mínimo que puedo pedirle al amor.

El amor es una sensibilidad que te capacita para escuchar todos los instrumentos, precisamente porque uno despertó más hondamente esa sensibilidad.

Y la armonía se logra cuando juntos estáis disponibles y sensibilizados para escuchar las melodías.

Oír un solo instrumento de la sinfonía del amor es privarse de la armonía del concierto. Amar es escucharlos todos.

El amor no es una relación. Es un estado del ser. El amor existía antes que cualquier ser humano. Antes de que existieses, el amor ya existía.

Amar es como oír una sinfonía. Ser sensible a toda esa sinfonía significa tener un corazón sensible a todos y a todo. ¿Puedes imaginar que una persona oiga una sinfonía y sólo escuche los tambores? ¿Dar tanto valor a los tambores que los otros instrumentos queden casi apagados? Un buen músico, que ama la música, escucharía cada uno de aquellos instrumentos; él puede tener su instrumento favorito, pero los escucha a todos.

Anthony de Mello


sábado, 23 de mayo de 2015

Parejas perfectas por Merlina Meiler

Las parejas perfectas no existen.

De a ratos, un vínculo (en especial, nuevo) puede parecer perfecto porque todo es novedoso. Vamos descubriendo al otro, comienzan los primeros acercamientos, notamos que su interés va in crescendo y así, también, aumentan el enamoramiento y la ilusión – lo que, claramente, es un estadio inicial de una relación, no un camino hacia la perfección.

Dicen por ahí que estamos cada vez menos tolerantes y pacientes, y que esto es lo que da lugar a tantas separaciones y divorcios. Considero que también, la idea de pareja perfecta juega en contra de la estabilidad.

Si no tenemos una relación que satisfaga todas y cada una de nuestras expectativas, entonces no funciona. El ser que elegimos no se adecúa a la imagen que tenemos grabada en nuestra mente y no damos la oportunidad ni de que él o ella se muestren tal cual son ni de comprobar, durante un tiempo prudencial, si podemos ser felices juntos.

O seguimos, pero nos desesperanzamos y nos desilusionamos a niveles tales que ponen en peligro la continuidad de lo que podría llegar a ser una unión satisfactoria entre dos seres humanos reales, con sus virtudes y con sus defectos.

¿Ficción o realidad?
Otro factor que puede influir es no darnos cuenta de que es necesario separar la ficción de la realidad.

Por alguna razón se suele creer que lo que pasa en el cuento de hadas que nos relataban de pequeños o que les leemos a nuestros niños en cierta medida podría concretarse o que los culebrones que no paran de repetirse en nuestros televisores y las comedias románticas con los actores y las actrices más guapos de Hollywood reflejan nuestra vida cotidiana en algún grado y, por consiguiente, darán lugar a nuestra gran historia de amor.

Nos abrazarán al lado del mar, bajo la luz de la luna llena, y nos jurarán amor eterno, bailando al son de una melodía que tocará sin cesar.

Ni hace falta que lo mencione: esto atenta contra la perspectiva real de encontrar un compañero para transitar de la mano esta gran aventura de vivir, día tras día (con sus bemoles y con sus momentos mejores que otros).

Si encuentras a un ser que te hace sonreír, que saca a la luz lo mejor de ti y que te trata con cariño y respeto, aunque no sea perfecto, ¡no lo dejes pasar! Estarás empezando a escribir una historia de amor que, esta vez sí, tendrá grandes posibilidades de tener un final feliz.

Fuente: Mejora Emocional

jueves, 16 de abril de 2015

Enamorarse o enamoramiento

Nos enamoramos, cuando conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídos... cuando compartimos con esa persona, nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos.
Este sentimiento nos produce gran placer, hasta que la química de nuestro cuerpo cambia y dentro de el se producen unas substancias llamadas endorfinas.
Nos sentimos felices, y andamos todo el día de buen humor y atontados. Cuando estamos enamorados, nos parece que nuestra pareja es perfecta y la mas maravillosa del mundo.

Empezamos a amar, cuando dejamos de estar enamorados.
El amor requiere tiempo, requiere conocer y reconocer los defectos del ser amado... requiere ver lo bueno y lo malo de la relación.

No quiere decir que enamorarse sea malo, al contrario es maravilloso…, sin embargo, es sólo el principio. Muchas personas son adictas a estar enamoradas. Terminan sus relaciones, cuando empiezan a ver defectos en la otra persona, y se dan cuenta, que no es tan perfecta como pensaba.

El verdadero amor, no es ciego. Cuando amas a alguien, puedes ver sus defectos y los aceptas. Puedes ver sus fallas y quieres ayudarle a superarlas.

El amor verdadero está basado en la realidad. No es un sueño de que encontraste a tu príncipe azul, o a tu princesa encantada.

Encontraste una persona maravillosa, de acuerdo, pero no es perfecta, ¡Ni tú tampoco! Encontraste tu alma gemela... pero también los gemelos discuten y tienen diferencias.

Tú no puedes amar a alguien que no te ama... ya que el amor verdadero es recíproco.

Empezamos a amar no cuando encontramos una persona perfecta, sino cuando aprendemos a ver perfecta a una persona imperfecta.

Erick Fromm
Del libro "El arte de amar"

lunes, 23 de marzo de 2015

El pan tostado

Después de un largo y duro día en el trabajo, mi mamá puso un plato de salchichas y pan tostado muy quemado frente a mi papá.

Recuerdo estar esperando ver si alguien lo notaba.
Sin embargo, aunque mi padre lo notó, alcanzó un pan tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la escuela.

No recuerdo lo que le contesté, pero sí recuerdo verlo untándole mantequilla y mermelada al pan tostado y comérselo todo.

Cuando me levanté de la mesa esa noche, recuerdo haber oído a mi madre pedir disculpas a mi padre por los panes tostados muy quemados.

Nunca voy a olvidar lo que le dijo: "Cariño no te preocupes, a veces me gustan los panes tostados bien quemados."

Más tarde esa noche, fui a dar el beso de las buenas noches a mi padre y le pregunté si a él le gustaban los panes tostados bien quemados.

Él me abrazó y me dijo estas reflexiones:"tu mamá tuvo un día muy duro en el trabajo, está muy cansada y además - un pan tostado un poco quemado no le hace daño a nadie".

La vida está llena de cosas imperfectas y gente imperfecta.

Aprender a aceptar los defectos y decidir celebrar cada una de las diferencias de los demás, es una de las cosas más importantes para crear una relación sana y duradera.

Un pan tostado quemado no debe romper un corazón.

La comprensión y la tolerancia es la base de cualquier buena relación.

Sé más amable de lo que tú creas necesario, porque todas las personas, en éste momento, están librando algún tipo de batalla.

Todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario.

El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semáforos llamados AMIGOS, luces de precaución llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes una llanta de repuesto llamada DECISIÓN, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, y abundante combustible llamado PACIENCIA.

Desconozco a su autor

lunes, 9 de marzo de 2015

Una buena lección

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor:

- Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.

- Mi querido amigo -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres.

Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre.

Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.

El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.

- Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda.

Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado.

- Miró la moneda, le dió vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie.

La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.

- Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

El joven respondió:

- Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré.

Ahora entiendo algo que antes no entendía:

ES MEJOR DAR QUE RECIBIR...

Desconozco su Autor

viernes, 6 de marzo de 2015

La media cobija

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido de bien, graduado en una buena universidad, respetado por los demás.

Para lograrlo dedicó su vida y escasa fortuna. A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos.

Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión. Pero veía pasar los días sin que éste apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor. Entonces, marchó hasta la casa de su hijo donde habitaba su familia. Al llegar comenzó a meditar y pronto tocó su puerta.

-¡Hola papá, qué milagro que vienes por aquí!... Tanto tiempo sin verte.

-Ya sabes que no me gusta molestarte, -dijo Don Roque, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.

-Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.

-Gracias, hijo sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces, ¿No te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo!

-¿Quedarte a vivir aquí?, Sí... claro..., pero no sé si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es chica... mi esposa es muy especial, pero te aprecia mucho... y luego los niños...

-Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.

-No padre, no es eso. Sólo que... no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... o sólo que no te moleste...

-¿Qué hijo? Dormir en el patio... Dormir en el patio... está bien.

Don Roque aceptó.

-No te preocupes, estaré muy bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo de doce años.

-Dime papá, -contestó. Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.

-¡Sí! con gusto... y ¿dónde va a dormir el abuelo?

Su padre contesta:

-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

El nieto de Don Roque se llamaba Luis. Este subió por la cobija, y tomó una tijera. Luego cortó la cobija en dos partes.

En ese momento llegó su padre.

-¿Qué haces Luis?, ¿por qué cortas la cobija de tu abuelo?

-Sabes papá, estaba pensando...

-¿Pensando en qué?, le comenta su padre.

Su hijo le dice:

-En guardar esta mitad de la cobija para cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.

Desconozco su autor


sábado, 28 de febrero de 2015

¿A quién pertenecemos?

Un niño viajaba en un autobús por el centro de la ciudad y allí estaba, sentado, arrimándose muy cerca de una señora de traje gris.

Naturalmente, todos pensaban que el niño era suyo. No es de extrañar, por lo tanto, que cuando él refregó sus zapatos sucios en el vestido de la mujer que se sentaba del otro lado, ésta le dijo a la señora de traje gris:

- Perdóneme, pero ¿podría hacer que su hijo saque los pies del asiento? Sus zapatos me están ensuciando el vestido.

La mujer de gris se sonrojó. Luego dio un pequeño empujón al niño, y dijo:

- Este chico no es mío, nunca antes lo había visto.

El niño se retorció, incómodo. Era un niño tan chico. Sus pies colgaban del asiento. Bajó sus ojos y trató desesperadamente de contener un sollozo.

- Siento mucho haberle ensuciado su vestido - dijo a la mujer-, no quise hacerlo.

- Oh, está bien- respondió ella algo perpleja. Luego, viendo que los ojos del niño seguían fijos en ella, agregó:

- ¿Estás yendo a algún lugar solo?

- Sí -replicó el niño-, yo siempre voy solo. No hay nadie que vaya
conmigo. Yo no tengo ningún papá ni mamá. Los dos se murieron. Yo vivo con la tía Clara, pero ella dice que la tía María debería ayudar cuidándome un poco. Por eso, cuando se cansa de mí y quiere irse a algún lado, me manda para que me quede con la tía María.

- Oh -dijo la mujer- ¿vas a casa de tu tía María ahora?

- Sí -continuó el chico, pero a veces la tía María no está en casa.

Espero que esté hoy, porque parece que va llover y no quiero quedarme en la calle cuando llueva.

La señora sintió un nudo en su garganta, y dijo:

- Tú eres muy pequeño para que te estén pasando de una casa a otra así.

- Oh, a mí no me importa -dijo el niño-. Yo nunca me pierdo. Pero, a
veces, me siento muy solo. Por eso cuando veo a alguien a quien me gustaría pertenecer, me siento muy cerca, y me arrimo y hago de cuenta que pertenezco a esa persona. Yo estaba jugando a que era de esta otra señora, cuando le ensucié a usted el vestido. No me di cuenta de lo que hacía con los pies.

La señora puso sus brazos alrededor del chico y lo apretó contra sí, con tanta fuerza, que casi lo dobla. Él quería pertenecer a alguien. Y, en lo profundo de su corazón, ella deseaba que el chico fuera suyo.

Este pequeño, en su manera simple e infantil, había expresado una necesidad universal. Y es que no importa quién se sea, o qué edad se tenga: todos queremos pertenecer a alguien...

Desconozco su autor


domingo, 22 de febrero de 2015

La mujer que amansó el león

Se decía que en una aldea en Etiopía, un hombre y una mujer, viudos, aunque jóvenes, deciden formar juntos una nueva familia. Pero hay un problema, el hombre tiene un hijo de corta edad, que no ha superado aún la muerte de su madre. Ésta le prepara los platos especiales, le confecciona bonitas prendas y se comporta, siempre amablemente con él, pero el niño, ni siquiera le dirige la palabra.

La mujer acude al hechicero:

-¿Qué puedo hacer para que mi hijo me acepte como madre ?-

-Me has de traer tres pelos del bigote de un león - le dice el sabio a la mujer.

La mujer se va preocupada, preguntándose cómo le podía sacar tres pelos a un león sin ser devorada, pero decide intentarlo por el bien de su familia.

Cuando al fin encuentra al león, guarda una distancia prudencial, temerosa de acercarse. Permanece largo rato obsevándonlo de lejos.

La espera se hace interminable hasta que la mujer decide ofrecerle comida. Después de acercarse un poco más le deja un pedazo de carne y se aleja. Y cada día hace lo mismo.

Poco a poco, el león se acostumbra a la presencia de la mujer, hasta que ésta pasa a formar parte de su vida. Un día, cuando el león está dormido le arranca tres pelos del bigote sin problemas.

Pero antes de llevarle los pelos al hechicero comprende que su problema está resuelto:

HA HALLADO EL VALOR DE LA PACIENCIA.

Como el león, debe acercarse al niño poco a poco, esperando fielmente, respetando su actitud y su territorio... hasta conquistar su corazón con su paciencia.

Desconozco su autor



domingo, 15 de febrero de 2015

El rey y el pobre

En Persia se cuenta la historia del gran Manú, Shah Babas, en cuyos dominios no se ponía el sol, que reinó con todo esplendor, tenía fama de justo y le encantaba mezclarse con el pueblo, pasando desapercibido para compartir y dar solución a sus problemas.

En cierta ocasión, se vistió de pobre y al pasar por la cocina observó en un rincón una angosta puerta para él hasta entonces desconocida. Descendió el largo, lóbrego y húmedo trecho de escaleras que conducía a un sótano, de reducidas dimensiones y calor asfixiante, en el que un carbonero sentado en un montón de cenizas, atendía la caldera de palacio.

El Manú se sentó a su lado y comenzó a hablar.
Llegó la hora de comer y el fogonero sacó un sucio pan moreno y áspero y una jarra de agua. Se sentaron a comer y beber. El shah se fue, pero continuó visitándolo con frecuencia, movido por la compasión que sentía por aquel hombre solitario.

Amablemente le dio consejo y el pobre le abrió todo su corazón y amó a aquel amigo tan bondadoso y sabio pero tan pobre como él.

Finalmente, el Manú pensó: " Este hombre que vive permanentemente recluido en el sótano, cumpliendo de forma abnegada con su trabajo, con total aceptación de su destino y sin que una sola queja salga de sus labios, merece una gran recompensa. Le diré quién soy a ver qué presente me pide."

Le dijo pues:

Crees que soy pobre, pero soy tu Manú, el Shah Babas, pídeme lo que quieras. El gobernante esperaba que le pidiera algo grande, pero el hombre se quedó sentado, inmóvil, petrificado, mirándolo con amor y asombro.

Entonces el Manú le dijo posando una mano sobre su hombro:

-- ¿No entiendes? Te puedo hacer rico y noble, puedo poner una ciudad en tus manos, te puedo hacer un gran gobernador: ¿No tienes nada que pedir?

El hombre respondió amablemente:

-- Sí, mi señor, he entendido. Más no entiendo cómo tu que gobiernas más de 3.000 por 10.000 mundos y varios soles, mandas sobre billones y trillones de seres y eres el encargado de crear un nuevo mundo para afrontar mejores tiempos, puedes haber salido de tu palacio y tu gloria para sentarte conmigo en este lóbrego cuchitril, comer mi tosca comida y preocuparte por si estoy feliz o apenado. Ni tú mismo me puedes dar nada más valioso. A otros les puedes otorgar ricos presentes, pero a mí me has dado a ti mismo; lo único que te puedo pedir es que nunca me quites este regalo de tu amistad y de tu amor".

La emoción que embargaba su espíritu enmudeció sus palabras y desde el fondo del corazón brotó un "gracias" e inclinándose en señal de respeto depositó a sus pies dos brillantes lágrimas.

Desconozco su autor

martes, 10 de febrero de 2015

Escollos

En toda relación hay siempre algún escollo, por eso es importante, cuando uno de nosotros esté pasando por un momento difícil, que el otro sepa dar un paso atrás y darnos cuenta de que aquello que podamos decir o hacer no debemos tomarlo como algo personal.

Si tú necesitas alejarte yo debo recordar que lo haces para aclarar ideas, no porque me rechaces.

Si estoy en silencio no es porque me moleste estar contigo: es porque estoy tratando de resolver las cosas.

Seamos siempre pacientes, mutuamente, y reconozcamos y respetemos nuestras respectivas necesidades.

Porque si cada uno conserva su propia fuerza interior nuestra relación será más fuerte y capaz de enfrentar tiempos difíciles..

©Charlene A. Forsten

domingo, 1 de febrero de 2015

El cielo o el infierno

Te hablé ya de ese laberinto que los hombres construyen en su mente y de los miedos con los que combaten mientras lo recorren. También nombré al sufrimiento y a la ilusión de poseer.

Sin embargo, conozco personas a quienes estos discursos les sonarán extraños, no relacionan el camino andado con el lugar donde apoyan sus pies, su presente con su pasado. No obstante sufren y aunque te acerques amistoso rechazarán tu mano ya que aún ese sufrir lo organizan en nombre de su privada felicidad.

A una persona así le puedes pedir que abandone todo. Y lo hará, por cierto. Dejará su mundo atrás, abrazará ésta o aquella causa, buscará refugio en una isla desierta, renegará de su padre y de su madre, de su religión o de su sexo.

En fin, abandonará todo, menos su particular sufrimiento porque en el fondo ama su manera de hacerse daño ya que allí encuentra un personal sabor, un color que reconoce como propio un espejo donde se identifica y se afirma.

Piensa: hasta el suicida ata la cuerda al árbol en nombre de su singular modo de ser feliz.

Te aseguro que este modelo quién más, quien menos lo padecen todos los caminantes. Y a veces lo llaman infierno.

El infierno lo creamos nosotros mismos y por momentos hasta dejamos que el fuego que inventamos nos consuma. En vez de mirar todo lo bueno que la vida nos da, parece que nos gustara detenernos en lo malo y maximizarlo. Y no nos
damos cuenta que poco a poco nuestra vida pasa de ser un cielo a ser un infierno... El tan temido, el tan criticado y minuto a minuto nos dejamos envolver por sus llamas enormes y entonces nada es claro, todo es desagradable y pisamos cenizas: Nuestras propias cenizas, nuestro pasado, nuestro presente, y hasta nuestro futuro lo hacemos arder y dejamos que el fuego crezca.

Cuando notamos que el fuego empieza a encenderse tenemos que tratar por todos los medios de buscar ayuda. Si no está en nosotros, buscarla afuera, siempre encontraremos a alguna persona que apague esa pequeña hoguera. Pero miremos bien hacia dónde vamos, no nos llegue a pasar que equivoquemos el camino y en llamas encontremos a alguien que esté como nosotros y en vez de apagar el fuego o aquietarlo, sople y nos encienda más.

Si elegimos el infierno debo decirles que ésta no es la mejor manera de llamar la atención. En el lamento constante por aquello que nos ocurrió no vamos a encontrar la salida real, la que nos ayude a crecer, a sentir y a volver a empezar. Al contrario la mayoría huye del infierno porque, si bien, todos en un momento u otro de nuestra vida solemos estar en él, es mucho más admirable aquel ser que logra detenerse, apagar las llamas, curar las heridas y que busca ayuda a aquél que huye, que culpa, que se siente una víctima y que por sobre todo, impide que otros le muestren el camino para que pueda tocar cielo alejándose para siempre de ese infierno.

El cielo o el infierno:

La elección es tuya.
©Mario Corradini

domingo, 11 de enero de 2015

Los abrazos

Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenimiento y doce para crecer.

Abrazar es saludable .

Ayuda al sistema inmunológico del cuerpo, te mantiene con mejor salud, cura la depresión, reduce el estrés, induce al sueño, es vigorizador, rejuvenecedor, no tiene efectos secundarios desagradables,y abrazar es nada menos que una droga milagrosa.

Abrazar es totalmente natural.

Es orgánico, naturalmente dulce, sin preservativos, sin pesticidas, sin ingredientes artificiales y es 100% puro.

Abrazar es prácticamente perfecto.

No tiene piezas móviles, no usa baterias que se agoten, no necesita chequeos periódicos, consume poca energía, produce gran energía, es a prueba de inflación, no engorda, no requiere pagos mensuales, no requiere seguros, es a prueba de robo, no paga impuestos, no contamina, y por supuesto es...

Totalmente reintegrable.

"No, nada llega tarde, porque todas las cosas tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas."

Desconozco a su autor

miércoles, 29 de octubre de 2014

Cordialidad por Merlina Meiler

Todo lo que brindamos vuelve a nosotros. En muchos casos, aumentado.

Ser cordial, además de evidenciar educación y de ser una buena costumbre, estimula a los demás a actuar de igual modo hacia nosotros y, por consiguiente, tenemos más posibilidades de recibir lo mismo: palabras agradables, consideración y, por qué no, hasta buenos deseos.

Para mí, la cordialidad incluye el saludo, demostrar gratitud y usar “por favor” al pedir algo, ya que surten el mismo efecto benéfico en el otro (¡y en nosotros mismos!).

Yo soy la típica vecina que saluda o sonríe a los demás vecinos al cruzármelos y agradezco cuando me dejan pasar primero. No cosecharé igual cantidad de respuestas, pero seguramente son muchas más que si me quedara con la boca callada. Y yo me siento bien de hacerlo, porque estoy convencida de que si más personas lo practicaran, distinta sería la energía predominante que encontraríamos en la calle y en otros lugares.

Hay ciertas ocasiones en las que podemos llegar a omitir ser cordiales cada vez que se producen, en especial cuando damos por sentado que el otro tiene la obligación de hacer algo por nosotros (porque le pagamos, porque es nuestro subordinado en el trabajo o porque es nuestra pareja, hijo/a u otra persona muy cercana).

En estos casos, unas simples palabras o una sonrisa pueden cambiar todo el panorama.

. Tratar cordialmente a los demás derriba muros.

. Les mejora el ánimo.

. Los predispone a realizar sus tareas con más ganas, lo que augura mayor voluntad y un mejor desempeño.

. Permite que se respire un clima más distendido.

. Influye positivamente tanto en el hecho puntual como en futuros eventos similares.

Entonces, te propongo que esta semana, tanto en el entorno laboral, con tu pareja, con otra gente cercana/lejana o con quien entres en contacto ocasionalmente, añadas a tu interacción “buenos días”, “por favor”, “gracias” o una sonrisa.

¡Y comparte conmigo los resultados!

miércoles, 15 de octubre de 2014

Los de afuera siguen estando de más por Merlina Meiler

Aunque estemos en pleno siglo veintiuno, las parejas continúan estando conformadas por dos integrantes.

Como reza el conocido refrán, “los de afuera son de palo”.

Que hayas decidido confiarle a alguien un problema o una inquietud, o que te visite a menudo y lo recibas de buen grado, no le da la facultad de inmiscuirse en profundidad en los asuntos internos y en los avatares de ustedes dos.

Nadie tiene por qué meterse en tu relación, opinar y tratar de influir o de modificarla sin tu consentimiento.

Si no deseas escuchar lo que tienen para decir porque intuyes o sabes que sus intenciones no son las mejores o porque no estás en momento de escucharlos, no tienes por qué tener algún reparo a la hora de expresarles tus necesidades y tus deseos. Si tú no los haces valer, ¿quién lo hará?

Aunque se trate de un familiar muy cercano o de uno de tus mejores amigos -y aún más si has llegado a fastidiarte- está en ti poner el límite, de la mejor manera que puedas. Hay personas que no entienden cuándo dejan de ser útiles y se transforman en entrometidos y tienes todo el derecho del mundo de hacérselos saber y de ponerlos en su lugar: al fin y al cabo, se trata de tu propia pareja, no la de ellos.

Es común sentir la tendencia a buscar una explicación a lo que están haciendo. Preguntarte qué los motiva a tomar semejantes decisiones y a intentar irrumpir en tu vida o traspasar fronteras solo te quitará tiempo y energía: lo verdaderamente importante es la actitud que tú tomes con respecto a la conducta de ellos.

Y de esto dependerá, en gran medida, el bienestar y la salud de tu vínculo de cara al futuro.

martes, 30 de septiembre de 2014

Al otro lado del muro

Vivimos en una sociedad en la que se nos ha enseñado desde diferentes ángulos que debemos buscar siempre la ley del mínimo esfuerzo, el camino mas corto, el más sencillo, el que nos lleve antes a donde queremos.

Es cierto que toda meta se pone para conseguirla, y que si para alcanzarla tenemos varias alternativas, no tiene mucha justificación convertirnos en mártires y optar por aquella que suponga dificultades y sufrimientos si al final el resultado es el mismo. Pero créeme, esta enseñanza esconde algo mucho más peligroso, ya que crea un sedimento tremendamente venenoso, pues estaremos edificando unos pilares que sustentarán nuestros principios y que nos dañarán más tarde, ya que estaremos creando nuestra concepción del mundo sobre unos cimientos erróneos, y voy a explicarme.

El epicentro de todo esto está no en que consigamos antes nuestros objetivos, sean estos los que sean, sino que habremos aprendido que en cuanto encontremos una dificultad en cualquier área de nuestra vida, rápidamente deberemos buscar una alternativa para evitarla en vez de valorar el obstáculo y buscar soluciones para superarlo. El daño no es otro que la debilidad que nos crea esa forma de pensar, pues si hay algo indiscutible, es que cada dificultad que superamos nos hace mejores, más fuertes, más hábiles, y nos capacita para superar otras dificultades mayores, y cada vez que abandonamos, somos mas débiles y estamos menos preparados para afrontar la próxima, independientemente de lo grande o pequeña que ésta sea.

Cuando aprendimos las letras y a reconocerlas escritas fue todo un esfuerzo, pues aprender a decir "a, e, i, o, u" no fue muy complicado, sin embargo combinar las consonantes con las vocales, eso si que era difícil, y por fin decir "la, ma, pa, re, fi,..." resulto ser un gran esfuerzo, aunque vinieron dificultades mayores y cuando tuvimos que aprender a decir combinaciones de letras como "trans" o similares, eso si que parecía imposible de conseguir. Sin embargo lo conseguimos y lo superamos y eso nos abrió la posibilidad de leer palabras enteras, y luego a comprender lo que decían, y luego frases, y luego párrafos, y luego libros. ...

Primero aprendimos los números, luego entendimos lo que representaban, y aprendimos que dos caramelos y dos caramelos son cuatro caramelos, y así entendimos como se sumaba. Después aprendimos que si tenemos cuatro caramelos y nos quitaban tres, solo nos quedaba uno, y eso además de una enseñanza fue doloroso pensarlo, pero aprendimos a restar. De esta forma vinieron las multiplicaciones como una repetición de sumas, y luego las divisiones. Más tarde aprendimos a formular ecuaciones, de una, de dos e incluso de tres incógnitas, luego raíces cuadradas, derivadas, integrales, logaritmos, matrices, y cuantas cosas más.

Dice una frase que me encanta que "El disfraz preferido de la oportunidad, es la dificultad", y si lo pensamos es muy cierto, pues cada muro que aparece en nuestro camino, nos abre oportunidades inmensas que nunca antes hubiéramos imaginado: oportunidades de entender, de aprender, de ser, de vivir, de ver, de pensar, de alcanzar, pero que solo se ven una vez pasado el muro, siempre están al otro lado, y solo podremos conocerlas si somos capaces de llegar hasta allí.

Desde aquí, os animo a nunca os rindáis ante una dificultad; nunca giréis el cuello buscando el camino fácil, no, mirarla a los ojos con valentía y decisión y buscar su lugar más débil, que siempre existe.No olvidéis el dicho: "Cuando el camino de vuelve duro, los "duros" se mantienen en el camino", así que mantener a la vista vuestras metas y buscar la solución a esas dificultades. No hay nada imposible, solo hay cosas que no se han intentado lo suficiente.

Y cuando las energías flaqueen, y las dificultades parezcan insalvables, recordar que tenéis unos sueños dormidos en vuestro corazón y que los sueños sólo existen para que alguien se atreva a hacerlos realidad.

Hasta pronto
Os deseo muchos éxitos en la vida.

Antonio Domingo
www.antoniodomingo.com

martes, 9 de septiembre de 2014

Amor...

Un amor es quien te acepta como eres, quien te ayuda a ser mejor. 
Es alguien que te levanta el ánimo cuando lo necesitas. 
Es alguien con quien se puede bromear sin que te enojes. 
Es alguien que se acuerda de ti cuando reza. 
Es alguien que te quiere por lo que eres y no por lo que tienes ni por lo que sabes. 
Es alguien que no se queda mirando, sino que te lleva a mirar juntos en la misma dirección. 
Es alguien que se interesa por tus cosas... aunque sean pequeñas.
Es alguien que se acuerda de ti cuando tu no estas y no te deja cuando fracasas. 
Es alguien que comparte tu soledad y tu tristeza, así como tus alegrías y tus sonrisas. 
Es alguien que trata de entenderte. 
Es alguien que sé lanza contigo a correr riesgos y que nunca te negará su ayuda cuando la necesites.

Desconozco a su autor

sábado, 28 de junio de 2014

Libro recomendado: Los límites del amor. Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy por Merlina Meiler

Muchas veces nos entregamos en cuerpo y alma. Damos todo por el otro: dejamos de lado nuestros tiempos, nuestros gustos, nuestros amigos. Nuestra vida pasa a ser vivida por y para la otra persona, nos olvidamos de quién somos, de nuestra esencia. Y eso no nos hace bien.

Horas esperando un llamado. Una tarde completa mirando fijo la computadora como si, gracias a eso, Facebook publicara automáticamente su mensaje. Esperamos. Cambiamos planes, dejamos de lado nuestra agenda. Nos descentramos de nosotros mismos, de nuestro trabajo, de nuestros proyectos.

Y vivimos para y por esa otra persona. Vivimos pensando únicamente en ellos, rebobinando frases falsas y actitudes que nos mantienen ancladas a relaciones sin futuro. Y seguimos esperando. Nos empecinamos en querer más de lo que nos quieren. Cedemos. Aceptamos. Nos olvidamos qué somos, qué sentimos, qué queremos, qué necesitamos.

Nos atamos a un mito. A ese que dice que el amor de verdad no tiene límites, que lo soporta todo y que lo acepta todo. Pero, en la intimidad, cuando nos vemos frente al espejo, admitimos lo que tanto nos duele: ese amor tan ansiado (¿idealizado?) no nos hace felices.

¿Hasta dónde amar?

No más allá de nuestra dignidad, de nuestra integridad, de nuestra felicidad. “Nuestra cultura ha hecho una apología del amor incondicional, el cual parte de una idea altamente peligrosa: ´Hagas lo que hagas te amaré igual´. Es decir, que a pesar de los engaños, los golpes, el desinterés o el desprecio, si los hubiera, en nada cambiarían el sentimiento (…) Amor ilimitado, irrevocable y eterno. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante estupidez?”, dice Walter Riso en su libro “Los límites del amor. Hasta dónde amarte sin renunciar a lo que soy”, de Editorial Norma.

Lejos de lo que nos proponían los poetas, una relación que nos hace sufrir y nos hace corrernos de nuestro propio yo no nos hace bien. “El mito del amor sin límites ha hecho que infinidad de personas establezcan relaciones dañinas e irracionales, en las que se promulga el culto al sacrificio y a la abnegación sin fronteras”, detalla el psicólogo.

¿Cómo saber si amas demasiado?

Según el autor, estos son los síntomas de que la cosa no funciona:

-Empiezas a envidiar a otras parejas.

-Se activa tu recuerdo de viejos amores.

-Una duda metódica hace su aparición: ¿me habré enamorado de la persona equivocada?

-Cada nuevo día se siente como un bajón.

-Vives un sinsabor permanente que te va quitando la alegría.

¿Y por qué nos sometemos a este tipo de vínculos?

Por miedo a la soledad o al abandono; porque somos emocionalmente dependientes; porque no nos sentimos queribles o merecedores de algo bueno, por mandatos sociales de los que nos cuesta despegarnos, por… Las razones son muchas, pero, en definitiva, se relacionan con pensamientos negativos frente a nosotros mismos.

Tips del autor para comenzar el cambio:

-Revisa tu mitología del amor de pareja y reemplaza algunos valores tradicionales (fusión/comunión, generosidad, deber) por otros más orientados a fomentar el bien común y más adaptados a nuestros tiempos. Un amor democrático.

-Incluye en tus relaciones los “derechos humanos”. Respétate –y haz que respeten- tu dignidad y tu integridad. Apuesta por un amor digno.

-Flexibiliza tus dogmas: todo depende. Puede ser que un matrimonio no sea para toda la vida; no toda separación es un fracaso; el amor no lo puede todo.

-No pierdas tiempo con quien no quiere dialogar ni negociar.

-“No esperes peras del olmo”. No vivas aguardando un cambio que no llega. Y, tal vez, nunca llegue.

-No te esfuerces en explicar lo obvio.

-Comprométete contigo mismo e intenta ser coherente: piensa qué quieres y esfuérzate por cumplirlo.

-No practiques la victimización ni la autocompasión.

Deja las lágrimas para la novela de la tarde. Esas historias de amor dolorosas, sufridas, plagadas de traiciones y desencuentros se ven espléndidas detrás de la pantalla. Pero no en nuestra vida. Amar no es sufrir ni padecer. Amar no es esperar ni callar. Amar no es someterse. “Podemos amar sin destruirnos a nosotros mismos. (…) Para amar no debemos renunciar a lo que somos, ésa es la máxima. Un amor maduro integra el amor por el otro con el amor propio, sin conflictos”, propone Walter Riso.

¡Anímate a un amor saludable!