Inspiras profundamente por la nariz y exhalas lentamente eliminando el dioxido de carbono que contamina tu cuerpo así como esos pensamientos que tanto daño te hacen. En su lugar, el paisaje te aporta nuevas sensaciones más placenteras, cierras los ojos y la brisa acaricia tu piel.
Observas un águila o un buitre a lo lejos, nunca fui bueno para identificar aves. Le sigues con la mirada y no durarías un segundo en ponerte en su lugar, alzar el vuelo y sentirte viva/o.
Aprovecha los regalos que la naturaleza esconde. Cuando sientas que tu cuerpo y mente no funcionan bien, realiza un último esfuerzo y elige un monte al que subir. Verás como tu mente queda en paz y más fortalecida para afrontar esos miedos que te atenazan.
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