resuenan las voces de tiempos pasados.
Aquellos
en que las risas brotaban
sin motivo ni causa,
en que las palabras
mecían la cuna de los días.
Aquellos
en que los sueños
se enroscaban entre tu cintura y la mía.
Aquellos
en que los amaneceres eran una sonrisa
y las horas se quedaban cortas.
Aquellos
en que el brillo de tus ojos, era mi luz
y tu sueño, mi almohada ...
... sólo voces de tiempos pasados
entre fríos muros de hormigón.
Maria Glez Méndez

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