Mostrando entradas con la etiqueta Padres e hijos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Padres e hijos. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de marzo de 2015

¡Como yo!

Mi hijo hace poco llegó a este mundo, de manera
normal... Pero yo tenía que trabajar, tenía tantos compromisos....

Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba. Comenzó a hablar cuando yo no estaba.

Mi hijo a medida que crecía, me decía:
-"Papi, algún día seré como tú ¿Cuándo regresas a casa papi?"
-"No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos... ya lo verás".

Mi hijo cumplió diez años hace pocos días y me dijo:
- "Gracias por la pelota papá, ¿quieres jugar conmigo?
-"Hoy no hijo; tengo mucho que hacer"
-"Está bien papá, otro día será".

Se fue sonriendo y siempre en sus labios las palabras:

-"Yo quiero ser como tú. ¿Cuándo regresas a casa, papá?
-"No lo sé, pero cuando regrese jugaremos juntos... ya lo verás"

Mi hijo regresó de la universidad el otro día, hecho todo un hombre.

- "Hijo, estoy muy orgulloso de ti. Siéntate y hablemos un poco de ti"
-"Hoy no papá, tengo compromisos... por favor préstame el carro para ir a visitar a unos amigos".

Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar. Hoy lo llamé:

- "Hola hijo, quiero verte"
-"Me encantaría papá, pero es que no tengo tiempo... tú sabes, el trabajo, los niños... pero gracias por llamar, fue increíble escuchar tu voz."

Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo había cumplido su deseo, era exactamente como yo.

Desconozco a su autor


viernes, 6 de marzo de 2015

La media cobija

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido de bien, graduado en una buena universidad, respetado por los demás.

Para lograrlo dedicó su vida y escasa fortuna. A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos.

Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión. Pero veía pasar los días sin que éste apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor. Entonces, marchó hasta la casa de su hijo donde habitaba su familia. Al llegar comenzó a meditar y pronto tocó su puerta.

-¡Hola papá, qué milagro que vienes por aquí!... Tanto tiempo sin verte.

-Ya sabes que no me gusta molestarte, -dijo Don Roque, pero me siento muy solo, además estoy cansado y viejo.

-Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.

-Gracias, hijo sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces, ¿No te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo!

-¿Quedarte a vivir aquí?, Sí... claro..., pero no sé si estarías a gusto. Tú sabes, la casa es chica... mi esposa es muy especial, pero te aprecia mucho... y luego los niños...

-Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.

-No padre, no es eso. Sólo que... no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... o sólo que no te moleste...

-¿Qué hijo? Dormir en el patio... Dormir en el patio... está bien.

Don Roque aceptó.

-No te preocupes, estaré muy bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo de doce años.

-Dime papá, -contestó. Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.

-¡Sí! con gusto... y ¿dónde va a dormir el abuelo?

Su padre contesta:

-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

El nieto de Don Roque se llamaba Luis. Este subió por la cobija, y tomó una tijera. Luego cortó la cobija en dos partes.

En ese momento llegó su padre.

-¿Qué haces Luis?, ¿por qué cortas la cobija de tu abuelo?

-Sabes papá, estaba pensando...

-¿Pensando en qué?, le comenta su padre.

Su hijo le dice:

-En guardar esta mitad de la cobija para cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.

Desconozco su autor


lunes, 2 de febrero de 2015

Cuando los niños preguntan sobre sexo… por Merlina Meiler

Este es y ha sido siempre un tema difícil de abordar.

¿Qué información conviene dar y qué es mejor callar cuando los niños preguntan sobre sexo?

¿Hasta dónde explicarles lo que buscan saber, con qué términos y en qué momento o situación?

Este es un artículo publicado por La Nación.

En su haber como padres no hay adulto que no tenga alguna anécdota para contar sobre la inocente pregunta de su hijo que lo puso en “aprietos”.

Esa primera vez en que, ante el interrogante del niño, en lugar de buscar una respuesta se pensó más en una vía de escape. Hace 40 años, el libro De dónde venimos fue como un salvavidas que ayudó a una generación de padres a hablar de sexo y responder algunas inquietudes sobre el tema. Cuestiones referidas, principalmente, a las relaciones sexuales, la concepción, el embarazo y el parto. Un texto de avanzada para la época, según coinciden los expertos.

Hoy, los chicos son capaces de expresar sus dudas con mayor naturalidad que hace cuatro décadas. Y los adultos, en cierta medida, también han ido superando prejuicios, temores y vergüenzas. Sin embargo, la sensación de sentirse “en apuros” sigue latente. Porque hablar con los hijos sobre sexo en el siglo XXI supone nuevos desafíos.

Está claro que no sólo se trata de cómo vienen los bebes al mundo. “Hoy entendemos la sexualidad como algo mucho más amplio, como un aspecto constitutivo de los seres humanos que se expresa en todo lo que decimos, pensamos o hacemos. Nos interesa plantear una mirada actualizada de estos temas desde los derechos sexuales y reproductivos”, dice el antropólogo Marcelo Zelarallán, autor del libro ¡Sin vueltas! Nos animamos a hablar de sexualidad, junto con Silvia Hurrell, especialista en Ciencias de la Educación.

La mirada a la que se refieren los autores implica, entre otras cosas, “el autoconocimiento, el cuidado del cuerpo y de la salud, la expresión del afecto, la valoración de la diversidad, las muchas formas de ser varón y de ser mujer, y también el reconocimiento y las formas de actuar frente al abuso sexual, la violencia de género, la trata de personas o la discriminación por orientación sexual”, agrega Hurrell.

La curiosidad y las teorías

La psicóloga Susana Mauer, especialista en familia y niñez, aporta su punto de vista: para que la información sea adecuada, plantea, tiene que estar en consonancia con el sentido de aquello que el niño pregunta. “Antes de responder hay que entender qué están buscando saber, porque ciertos comportamientos intrusivos del entorno suelen entorpecer la curiosidad infantil.”

Llamar a las cosas por su nombre, en cualquier etapa de crecimiento, es fundamental. Al igual que promover el autoconocimiento y la exploración del cuerpo. “Pajarito, pitulín, cachu, agujerito, semillita, son el diccionario inventado en cada familia para bordear, en un decir a medias, los órganos genitales, las relaciones sexuales, la concepción. Los colores rosa y celeste con que la cultura vistió y estigmatizó las diferencias entre mujeres y varones ya no nos resultan creíbles”, dice Mauer.

Juan Assirio, secretario académico del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, reconoce que los chicos comienzan cada vez más pequeños a preguntar sobre estos temas, y con una naturalidad que antes no había. Pero también opina que, “en los productos culturales actuales, de algún modo, todo se explica sexualmente”

Y en la tarea de dar respuestas, el académico considera que hay algunos puntos de fricción. “Uno de los errores de los padres es ofrecer respuestas a las preguntas del cómo [¿cómo se hace?; ¿cómo se evita?; ¿cómo se pone?] sin dar explicaciones. Si no hay porqués, si no hay un sentido de la persona y el cuerpo, no se pueden responder todos esos cómo.”

Diversidad sexual y abuso

“¿Mami, esos chicos son novios?” “Eh… Sí, Tomy.” La pregunta, formulada con distintos matices, es un clásico de estos tiempos. Y qué responder además de un dubitativo sí… “En el libro, planteamos que cuando pensamos en el amor de pareja lo más común es imaginar a un hombre y a una mujer, pero que no siempre es así, que también hay parejas del mismo sexo –dicen Hurrell y Zelarallán–. Y también decimos que todas las parejas, a medida que crece el amor, pueden formar una familia. Tan simple como eso.”

La foto familiar de nuestra época, interviene Mauer, muestra paisajes muy heterogéneos. “Se ha complejizado el rompecabezas con nuevas variantes de filiación, nuevas legalidades que son incorporadas entre los niños con más naturalidad que entre los adultos.”

Con respecto al abuso sexual, no hay matices. Es una vulneración de los derechos, es un delito.
“Desde la infancia es importante saber que en esos casos hay que decir «no» y que es preciso pedir ayuda a una persona adulta y de confianza”, concluye Hurrell.

¿Cuál es la edad para comenzar a hablar de sexo?

Tanto los autores de ¡Sin vueltas! como los demás especialistas consultados coinciden en que siempre es un buen momento para hablar.

Para Mauer, la apertura al diálogo y la comunicación fluida es clave. “La sexualidad nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos. Se expresa cuando nos vestimos de una u otra manera, cuando nos miramos en el espejo, cuando nos enamoramos o peleamos por nuestros derechos”, reflexiona Hurrell.

“Algunos niños necesitarán un tipo de información, querrán saber sobre el origen de la vida; a otros les interesará hablar sobre el enamoramiento. Cada cual con su dosis necesaria”, concluye Assirio.

domingo, 19 de octubre de 2014

¿Conviene ayudar o no a los niños con sus tareas escolares?

A diferencia de lo que vivimos de pequeños, parece que la tendencia actual es que no conviene ayudar a los niños con sus tareas escolares…

Estos fragmentos de un artículo de Soledad Vallejos para La Nación aborda este tema.

“Para mí es chino básico. Anoche, el tema de la cena familiar fueron las fracciones, y mi hija Maru, de 10 años, me lo explicaba con un tonito como diciendo: «Mamá, esto es una papa». Para mí es imposible ayudarlos con las tareas de matemáticas -confiesa Ximena Ferreira Sánchez, madre de tres hijos de 10, 8 y 5 años-. Igual, aunque pudiera o quisiera hacerlo, en el colegio nos pidieron explícitamente que no intervengamos. Pero hay otras veces en las que no puedo contenerme. No me podía quedar callada cuando en primer grado veía en el cuaderno una cantidad de faltas de ortografía sin corregir. Nos explicaban que era un proceso, que la conciencia ortográfica llega después y que el objetivo de no marcar los errores era para no cohibirlos ni bloquearlos. Pero «hada» va con hache, y yo se lo decía”.

Los métodos de enseñanza cambiaron. Los chicos de hoy aprenden con modelos de trabajo diferentes a los de las generaciones pasadas, lo que produce -a priori- un desencuentro. Es que los padres quieren ayudar a los hijos a su manera, mientras que ellos aprenden de otra. No en vano muchos colegios organizan talleres para padres, sobre todo durante los años del primer ciclo escolar, con el objetivo de explicarles cómo se trabaja hoy en las aulas, tanto en matemáticas como en lengua.

Según los especialistas, uno de los ejes centrales en la crianza es que los padres se involucren activamente en su educación. Pero eso requiere, en determinados momentos, comprender que el hecho de no ayudarlos favorece a la construcción de sus propias estrategias e hipótesis para la resolución de un determinado problema.

Para Rebeca Anijovich, Magíster en Formación de Formadores, de la Universidad de San Andrés, que los hijos reciban tareas de la escuela para realizarlas en la casa es, frecuentemente, objeto de discusión y debate. “Las propuestas académicas van desde resolver todo en el aula hasta pedir una enorme cantidad de contenidos para el hogar porque es necesario incrementar la práctica y complementar lo que «no se alcanza» a realizar en la escuela. Una primera consideración nos lleva a distinguir quiénes son los destinatarios de estas tareas para el hogar y, en este caso, nos referiremos especialmente a los alumnos de la escuela primaria. Aunque, tal vez, la cuestión más compleja está referida al modo en cómo los padres acompañamos a nuestros hijos, así como también el vínculo que mantenemos con la escuela. ¿Confiamos y apoyamos a la institución en sus modos de encarar la enseñanza? ¿Cuánto incide nuestra propia historia escolar al momento de guiar la de los niños? ¿Cómo acompañarlos sin hacer la tarea por ellos? ¿Debemos reconocer que los niños resuelven sus trabajos de un modo diferente a como lo hacíamos en nuestra época de estudiantes?”

Los replanteos de Anijovich suelen hacer eco cada tarde en un batallón de padres que deben lidiar con la tarea escolar de sus hijos, como le sucede a Elena Stambulsky, quien reconoce que, a la par de su hijo, Kevin, ella también está “terminando” séptimo grado por segunda vez.

“En los últimos años, la preocupación por saber hasta dónde tenía que ayudarlo fue creciendo. Muchas veces me sentaba con él y terminábamos haciendo la tarea juntos, más yo que él. Pero si después en la prueba le iba mal, yo era la responsable -cuenta Elena, que con su hijo menor, de 6 años, confiesa intentar otra metodología-. La verdad es que no es nada sencillo poder ayudarlos, sobre todo cuando los enfoques de enseñanza son tan distintos a los nuestros. Hace un par de años, pedí una reunión en el colegio para que me explicaran el método apropiado para resolver las divisiones. Terminamos todos agotados. El límite de hasta dónde intervenir o soltarles la mano es difícil. Finalmente, después de mucho ensayo y error, y encuentros con la psicopedagoga, ahora nos focalizamos en la duda. Y si hay cosas que en casa no se pueden resolver, se recurre a los maestros”.

Todos los especialistas consultados coinciden en un punto. Una máxima que no admite entre líneas: hay que intervenir cuando ellos pidan ayuda, pero sin hacer la tarea que les encomendaron. Asistirlos también es reconocer que aprenden de un modo diferente de nosotros.

QUE NO SE FRUSTRE NI SE DEPRIMA

Nada es igual en la escuela de hoy que en la de hace tres o cuatro décadas: Ximena Ferreira Sánchez, mamá de tres niños en edad escolar, aprendió definitivamente la lección después de algunos años de ensayo y error. “Si te equivocaste, mi amor, o no entendés, pregúntale a la maestra -les dice ahora Ximena a sus hijos, ante la aparición de la duda-. Al principio, me sentía impotente por no poder asistirlo, pero aprendí que en casa debo contenerlo, ayudarlo a resolver la situación, que no es lo mismo que ayudarlo a resolver la tarea. Yo sé que los viernes tienen fecha de entrega y estoy atenta, pregunto si necesitan algo. Pero no me meto”, asegura.

DIÁLOGO ENTRE ADULTOS

Claridad en el diálogo entre la escuela y los padres. Docentes y directivos reconocen que, en determinadas situaciones, falta comunicación entre la institución y las familias. “A veces, la escuela no es del todo clara, y los padres no saben cuándo es el momento de intervenir. Por eso trabajamos con las familias desde el primer ciclo para analizar las diferentes estrategias de los niños, sobre todo desde primero hasta cuarto grado. Tanto la matemática como la escritura son situaciones cotidianas de trabajo, y la posibilidad de compartir con un hijo ese proceso de aprendizaje refuerza la relación cognitiva que se va construyendo de a poco -opina María Victoria Alfieri, directora del colegio Aletheia-. Lo que es terrible es cuando aparece la violencia del mandato por parte de los padres; una violencia simbólica que se muestra en la falta de respeto hacia los tiempos del niño, que no son los mismos que los del adulto”.

En sintonía con la reflexión de Alfieri, se expresa la directora de la Escuela del Sol, e insiste en este concepto: “Es difícil crear un clima de trabajo distendido y paciente cuando una madre llega de trabajar y quiere que, en dos horas, sus hijos se bañen, coman y hagan la tarea. Hace poco una madre pidió una reunión porque estaba preocupada por este tema y no sabía cómo ayudar a sus hijos con los deberes. «Sácate la oficina de encima cuando llegas a tu casa», fue mi primer consejo. Y ojo que no hay que sentarse al lado del chico como un sargento para ver cómo trabaja. Mientras la mamá cocina puede invitar a su hijo a que se siente en la mesa y le cuente lo que tiene que hacer. Acompañarlos sin intervenir directamente es ayudarlos”.

Para Elena Stambulsky, la mamá de Kevin, no fue fácil “soltarle la mano” a su hijo, pero hoy reconoce que trajo sus recompensas. “Hoy me importa más el esfuerzo que el resultado. Uno quiere que a su hijo le vaya bien, por supuesto, pero hay que aceptar los errores, las equivocaciones, los bochazos. Uno deposita un voto de confianza en el colegio, entonces hay que respetar las decisiones de los maestros, y los pedidos. Hoy sólo ayudo a Kevin cuando aparece la duda, y lo acompaño.”

Grace Horne también insiste. “Dejar que hagan solos sus tareas es ayudarlos a ser autónomos y responsables. Y cuando se tropiezan con una piedra, hay que tenderles la mano para levantarse. Imponer el propio método para esquivarla no los favorece”.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Parejas parentales por Merlina Meiler


Aunque estén separados, ustedes serán el papá y la mamá de sus niños para siempre.

Y ellos necesitan de ustedes dos, por igual.

Ambos están a cargo del cuidado y de la crianza de los chicos, independientemente de lo que haya sucedido entre ustedes y de las razones que los hayan llevado a elegir (o a aceptar por decisión del otro) no estar más juntos.

Como pareja parental, el rol de padres está dividido entre ambos y es la responsabilidad de los dos ejercerlo de la mejor manera, por el bienestar de ellos.

Ambos tiene la misma relevancia en la educación y en el bienestar los niños, ya que representan el ejemplo que ellos seguirán y que, en enorme medida, dará forma a los vínculos que desarrollen con las demás personas al crecer (amigos, compañeros de trabajo, pareja, entre otros).

De nada sirve interponer los problemas con el otro miembro de la pareja parental en la relación con los más pequeños (o no tan pequeños) y que ellos sean testigos de situaciones que ningún bien les hacen y que, por el contrario, tuercen sus comportamientos hacia lugares que es mejor que nunca visiten.

Que te hayas separado de la mamá o del papá de tus hijos e incluso, que la relación entre ustedes dos sea mala, no implica que pongas distancia entre tú y ellos o que dejes que la situación se enfríe: recurre a la ayuda que sea necesaria (abogados, psicólogos, etc.) para reflotar el vínculo y que esté en el nivel que deseas y que ellos necesitan: un papá y una mamá presentes en cada momento de sus vidas.

Bien vale la pena dejar atrás las desavenencias, los rencores o lo que la presencia o la mera mención del nombre del otro pueda generar: lo más importante de la vida de ustedes son sus hijos y, por ellos, absolutamente nada es un esfuerzo imposible de realizar y todo vale la pena intentar.

martes, 29 de julio de 2014

Enseñaras a volar

Enseñarás a volar, pero... no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar, pero... no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir, pero... no vivirán tu vida.


Sin embargo,
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará la huella del camino enseñado.

Madre Teresa de Calcuta.

jueves, 30 de enero de 2014

Definición de hijo

“Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo… EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos”

por José Saramago
(Premio Nobel de literatura)

martes, 18 de junio de 2013

El padre bueno y el buen padre

Padres buenos hay muchos;
buenos padres, hay pocos.
No es difícil ser un padre bueno
en cambio, no hay nada más difícil
que ser un buen padre.-

Un corazón blando basta para ser un padre bueno
pero la voluntad más firme
y la cabeza más clara
son todavía poco para hacer un buen padre.-

El buen padre dice sí cuando es sí y no cuando es no...
El padre bueno sólo sabe decir sí...
El padre bueno hace de su niño un pequeño Dios
que acaba en un pequeño demonio...
El buen padre no hace ídolos...
vive la presencia del único Dios.-

El padre bueno encoge la imaginación del hijo
con juguetes del bazar
el buen padre echa a volar la fantasía del hijo
dejándole crear un aeroplano con dos maderas viejas...

El padre bueno moldea la voluntad del hijo
ahorrándole esfuerzos y responsabilidades...
el buen padre templa el carácter de su hijo
llevándolo por el camino del trabajo y del esfuerzo.-

Y así, el padre bueno llega a viejo
decepcionado y tardíamente arrepentido...
mientras que el buen padre crece en años respetado,
querido, y es, a la larga, comprendido.-
Rosid - Viganó


sábado, 11 de mayo de 2013

El orden de nacimiento, ¿es importante? por Merlina Meiler

Conoces personas que han nacido en el seno de la misma familia y poco tienen que ver entre sí.

O quizá no entiendes actitudes de tus hermanos y hermanas, ya que todos fueron criados de la misma manera y por los mismos familiares.

Es que el orden de nacimiento es muy importante.

Este artículo, escrito por María Antonia Sanchez Vallejo para el diario El País (España), echa luz sobre este tema tan interesante.

Pocos padres admitirán que tratan a sus hijos de forma diferente, pero es probable que al educarlos de la misma manera, obtengan como resultado la desigualdad. Como el arranque de Ana Karénina, de León Tolstoi (“Todas las familias felices se parecen, sólo las infelices lo son cada una a su modo”), la educación y la crianza de los hijos tiene mucho que ver con las singularidades: las que uno trae de serie, las de la forja de la personalidad y las que, según algunas investigaciones científicas, se desprenden del orden que los hermanos ocupan en la familia. Es la denominada Birth order theory, teoría del orden de nacimiento.

Aunque se remonta a finales del siglo XIX -la formuló Francis Galton, primo de Darwin, en 1874-, dicha teoría acaba de recibir el espaldarazo de un estudio de la Universidad de Oslo y el Instituto de Salud Ocupacional de la capital noruega, que, en colaboración con el servicio médico del Ejército de ese país, analizaron los niveles de inteligencia de cerca de 250.000 reclutas de 18 y 19 años. Las conclusiones, publicadas por la revista Science, no dejaban lugar a dudas: el primogénito tiene un cociente intelectual (CI) 2,3 puntos por encima del segundo, y éste aventaja en 1,1 puntos al tercero. El CI de los primeros es también mayor que el de los hijos únicos. Pero la máxima nota se aplica asimismo en los casos de segundos y sucesivos hermanos que hayan sido educados como primogénitos por muerte o ausencia de éstos.

El mayor recibe los valores paternos, pero el nacimiento de otros le relega.

Educar a todos de igual manera es imposible. Cada uno logra traje a medida.

Pero la teoría del orden de nacimiento, desarrollada con éxito dispar por una legión de psicólogos desde Alfred Adler, discípulo de Freud, en 1920, no se queda en el cociente intelectual. Según sea uno primogénito, hijo mediano o pequeño -el hijo único mezcla rasgos de los extremos-, así será su carácter. A grandes rasgos, en el reparto el primero se lleva el conservadurismo, el respeto a las expectativas y los valores paternos y el perfeccionismo. El mediano, en terreno de nadie, tarda en decidir qué quiere hacer con su vida -frente al mayor, que la encarrila muy pronto- y desarrolla más relaciones con iguales que jerárquicas. El benjamín, por su parte, es la bohemia y el riesgo; divertido y encantador, puede ser también más débil que los otros. Un ejemplo notorio: los tres hermanos Grimaldi, príncipes de Mónaco. Entre la regia perfección de la mayor, Carolina, y la bohemia liberal y circense de Estefanía, la menor, se halla el caso del príncipe Alberto, con una opción de vida personal distinta a la de sus hermanas.

La elección de este ejemplo no es una concesión rosa. Podría servir también el de los príncipes de Inglaterra, Carlos, Andrés y Eduardo, que reproducen parecidos patrones. O los Kennedy, desde el presidente John al senador Edward. La historia es un filón de ejemplos que ratifican el citado reparto de actitudes y aptitudes: más de la mitad de los presidentes de Estados Unidos han sido primogénitos; también eran los mayores, o hijos únicos, veintiuno de los 23 primeros astronautas estadounidenses.

“El orden de nacimiento no es determinante en ningún caso, pero sí tiene importancia -señala Victoria del Barrio, profesora de Psicología de la Personalidad de la UNED-. Suele decirse que el hijo mayor es el más adulto de todos, el receptor de valores paternos. Pero con el nacimiento de nuevos hijos, la dedicación y el entusiasmo que los padres ponían en él va mermando; otros niños, sobre todo si son muy seguidos, reclaman su atención. Así, a medida que nacen más vástagos, se debilita la educación parental, que es jerárquica, a favor de una dinámica horizontal, entre iguales, los hermanos”, explica. En virtud de la atención dedicada -máxima al primero; más escasa al último, ese que según el dicho popular “se cría solo“-, Del Barrio detalla la existencia del síndrome del primer hijo, o hijo adulto, “más apegado a los padres“; el síndrome del mimado (el menor, “que tiene bula y al que se considera pequeño durante más tiempo”) y el síndrome del hijo mediano, “o patito feo, el que más facilidad tiene para desarrollar emociones negativas, pero también el más sociable de todos“, según esta profesora.

Del Barrio recuerda que si hubiera que sacar una conclusión al respecto, sería la de que “es imposible, y sería una entelequia, educar a todos de la misma manera. Cada niño es un hardware distinto. La educación tiene que ser un traje a medida”.

Carolina, madre de cuatro hijos con edades comprendidas entre los 9 y los 3 años, cree que en su caso la teoría se cumple a rajatabla. “Mariana, la mayor, es la más responsable con diferencia. Da la mano a sus hermanos al cruzar la calle, no se desmarca nunca, saca unas notas estupendas y todo lo hace bien, piano y deportes incluidos. Blanca (6 años) va por libre. Es la rebelde de la familia, líder en su clase y con un montón de amigos, aunque en casa va a su bola, es egoísta y orgullosa, pero también una encantadora de serpientes. Carolina (5) es supersandwich: buena, lista, perseverante, hace las cosas a conciencia. En casa lo comparte todo, pero en el colegio agarra una pelota y no la suelta. El pequeño, Luis, es el más mimado y también el más cariñoso, pero ya defiende su territorio frente a sus hermanas”, explica la madre.

El que pasa por ser la mayor autoridad mundial en la materia, el profesor Frank J. Sulloway, del Instituto de Investigación Social y de la Personalidad de la Universidad de Berkeley (California, EE UU), atribuye estas y otras diferencias entre hermanos al hecho de “maximizar la atención de los padres a través de diferentes estrategias con el fin de reafirmar la propia identidad”, cuenta por correo electrónico desde Berkeley. Para María José Díaz-Aguado, catedrática de Psicología de la Educación de la Complutense, las singularidades se deben también “al reparto de papeles: todos los hijos podrían ser estudiosos, o simpáticos, pero no, hay tendencia a repartir roles de forma excluyente. El hecho de que un hermano destaque en algo, por ejemplo en los estudios, lleva a los restantes a excluir esa característica. Es como si cada hermano tuviera que encontrar un sitio: tras un hermano muy estudioso, el siguiente puede ser muy deportista, por ejemplo”.

Sulloway se arroga la patente de la teoría: “Este campo no alcanzó un estatus científico hasta mediados del siglo pasado, cuando los investigadores empezaron a aplicar métodos estadísticos formales. Quiero pensar que mi libro Born to Rebel (Nacido para rebelarse), de 1996, ha tenido algo que ver en el desarrollo de la teoría”. ¿Por qué? “Porque la contextualiza en un marco darwinista muy comprensible”.

Esta nueva perspectiva teórica de Sulloway ha contribuido a reavivar el interés por la interacción de los hermanos en el seno de la familia. “En líneas generales, los hermanos compiten por el favor de los padres, y son sus diferentes estrategias, basadas a su vez en diferencias de edad, tamaño, poder y estatus, las que conducen a diferencias de personalidad”, dice Sulloway. ¿Pese a ser criados y educados en la misma casa? “El entorno explica al menos el 50% de las variaciones en la personalidad, como sabemos gracias a los estudios en genética del comportamiento, así que también influye bastante en el desarrollo de las diferencias. El orden de nacimiento conforma la personalidad y el comportamiento mediante mecanismos biológicos, psicológicos, sociales y antropológicos”, concluye.

Con respecto a la inteligencia privilegiada del primer hijo, la explicación parece clara: es su cercanía a los padres y adultos, tanto como su papel de tutor o guía de los siguientes hermanos, “lo que cognitivamente le supone una mayor oportunidad de desarrollo. El CI del primogénito o el hijo único -un poco más elevado el del primero-, el mayor desarrollo de su lenguaje, se explican por la mayor atención recibida”, afirma la catedrática Díaz-Aguado, para quien esta teoría se sustenta en dos pilares: la cantidad y la calidad de la dedicación parental y el reparto de papeles entre hermanos.

CI al margen, no todo son ventajas, porque los primogénitos también tienen su cruz: “Sus expectativas son muy elevadas, así que les va a costar asumir fracasos”, apunta Díaz-Aguado. Es decir, habituado al liderazgo, al manejo de papeles asimétricos, verticales, puede naufragar cuando las reglas del juego se imponen entre pares. “El segundo hijo y los sucesivos suelen pasar más tiempo con niños“, añade Díaz-Aguado.

Algo debe de tener la primogenitura cuando Esaú se la vendió a Jacob por un plato de lentejas. O cuando algunos corpus jurídicos, como el derecho catalán, reconocen su figura (la del hereu, o heredero, el mayor). El ejemplo de Delfín Garandal, de 41 años, se ajusta al modelo de primogénito que responde a las expectativas familiares. Licenciado en Filosofía y Letras, “con muy buenas notas, sobresalientes y notables”, recuerda Valeria Abascal, su madre, Delfín se encarga de la explotación ganadera familiar en Saro (Cantabria). “Su padre y yo nos hacíamos mayores y, antes de que otro trabajara , prefirió hacerlo él”. Delfín, soltero y residente en la casa familiar, tira de las 80 vacas de la familia y de las fincas, pero también de los padres, jubilados -otro rasgo inherente al primogénito, según la teoría-, y “está pendiente de sus dos hermanos pequeños. Es el mayor y el más responsable. El pequeño se va más por las ramas, y la mediana es más independiente”, confirma su madre. “Delfín tiene solución para todo. Tanto nosotros como sus hermanos acudimos a él para ir al médico, para papeleos, etcétera”. Como recuerda Victoria del Barrio, de la UNED, “el orden de nacimiento era aún más importante en las familias antiguas, tradicionales”. El ejemplo de Delfín es prueba de ello.

De todos modos, como subraya María José Díaz-Aguado, los rasgos asociados al orden de nacimiento son “una relación de probabilidad, no de causa-efecto. Es decir, que el hecho de ser primogénito o benjamín no determina necesariamente una característica, sino que incrementa la probabilidad de tenerla.

Hay muchas excepciones. Por ejemplo, las hermanas Álvarez. La mayor, Paz, de 42 años, se define como “la más irresponsable y loca“. La pequeña, Alejandra, de 32, es “la más ordenada y cuadriculada“, en definición de la primogénita; ella se ve a sí misma “como la madre de mis hermanas“. Tanto que, cuando tenía 16 años, espetó a la primera: “Nunca he tenido la sensación de tener una hermana mayor contigo”. Tan obvias resultaban las diferencias que incluso las profesoras del colegio decían a las mayores que la pequeña no parecía hermana suya, recuerda Paz. En el medio, Sonia, de 41 años, impone el equilibrio y ejerce de cobijo y nexo de unión entre todas. Las tres dinamitan la flamante teoría del orden de nacimiento, que podría tener los días contados si persiste la tendencia al hijo único. O casi: 1,3 hijos por mujer en España. Porque ¿hay lugar para los decimales en la Birth order theory?

Fuente: Mejora Emocional 

domingo, 6 de enero de 2013

El correcto uso de internet en niños y adolescentes

Del mismo modo que educamos a nuestros hijos en el uso de diferentes tecnologías (telefonía) o hábitos (buena educación) más arraigados en nuestra sociedad, Internet se ha convertido en uno de los pilares de la comunicación hoy en día y esto nos obliga a indicarles, desde pequeños, cuáles son las virtudes y los peligros de la red de redes, no solo porque es una herramienta imprescindible en su relación con el entorno social, sino que constituye una potente herramienta de educación y relación padres-hijos.

Pero del mismo modo que en la vida real, la red también es un lugar donde el menor puede encontrar información no adecuada y en ocasiones, se producen abusos.Es por esto que aunque es normal que exista una lógica preocupación, no seria una actitud positiva mostrarse excesivamente restrictivo en su uso por parte de los menores, al contrario, se debe fomentar su uso de una manera segura.

Consejos generales.
1. Es necesario que los padres aprendan a utilizar el ordenador. De este modo y hasta cierta edad, se conectan con ellos y el niño aprende a disfrutar de Internet junto a sus padres; además conocer el ordenador ayuda a los padres a distinguir qué software utiliza y qué páginas visita el menor más fácilmente.
2. Fomentar el diálogo sobre hábitos de navegación y sus riesgos. Es importante que el menor sienta que cuando le suceda algo extraño para él o que le incomode pueda decírselo a sus padres sin sentirse culpable.
Además les ayudaremos a mantener un espíritu crítico sobre la información que aparece en la red y les explicaremos que no todas las webs tienen la misma credibilidad.
3. Acordar unas normas de uso claras. Es particularmente bueno que los niños tengan reglas claras sobre lo que pueden o no hacer y conocer sus consecuencias, especialmente respecto al tiempo de uso (de día y no de noche, controlar su uso entre semana), de esta manera el niño sabrá a priori a lo que atenerse.
4. Es una buena ayuda utilizar filtros de control de acceso a la red. Así evitará que acceda a paginas de contenido inapropiado (adulto, violento, xenófobo, etc.). En el mercado existen soluciones gratuitas y muchos proveedores ofrecen soluciones de este tipo.
5. Es necesario colocar el ordenador en una zona de uso común. Facilitará la supervisión tanto del tiempo de uso (para controlar la ciberadicción) como el control de situaciones que puedan incomodarle, como por ejemplo, para evitar el ciberacoso cuando utilizan la webcam.
6. Enseñarles en qué consiste la privacidad. Explicarles que los datos personales son información sensible y que puede ser utilizada en su contra con ejemplos de la vida cotidiana, como puede ser, por ejemplo, que ellos nunca darían las llaves de casa a un desconocido o ejemplos similares.
7. Explicarles que en la red también hay que respetar a los demás. Que entiendan que detrás de un apodo, hay personas y que también hay que ser cortés y educado con ellas.

Consejos específicos según la edad de los menores.

De 4 a 12 años.
• Acompañarles en el uso del ordenador. A esta edad es imprescindible guiarles en el uso de esta tecnología.
• Conocer las claves de acceso. Ayudarles a escoger unas buenas claves de uso y explicarles la razón de esto.
• Enseñar los chavales a no descargar nada sin permiso: Muchas veces tienen la falsa creencia de que el nombre del archivo es indicativo del programa que están descargando, o en ocasiones descargan algo en el ordenador sin saber muy bien porqué lo han hecho.

De 13 a 18 años.
• Conocer los remitentes para no tener que leer los correos. A partir de la preadolescencia, los jóvenes son muy celosos de su privacidad, entonces se puede establecer un acuerdo intermedio en el que los padres conozcan las direcciones, al igual que el correo postal, pero no lean el correo electrónico -en el correo postal se puede leer el remitente, pero no es necesario abrir la carta-, y en el caso de que exista una dirección desconocida, es mejor preguntar al menor.
• Estar muy pendientes si se citan con algún desconocido. Insistirles en que no vayan solos, y que queden en un lugar público con más gente. Aleccionarles sobre que todo lo que se cuenta en Internet no tiene porque ser cierto.
• Enseñarles a tener un comportamiento responsable, respetuoso y ético en Internet. En muchas ocasiones tienen una falsa sensación de impunidad, que les hace atreverse con actitudes más agresivas, que en la vida real jamás adoptarían. Por esto, es recomendable explicarles que, cuestiones como el ciberacoso no puede ser divertido cuando se le hace daño o se molesta al prójimo.
• Asegurarse de que consultan antes de realizar cualquier transacción en línea. El comercio electrónico es cada vez más importante, es una buena enseñanza que se familiaricen con esta forma de comercio. No es necesario prohibirles que compren en Internet, pero sí es conveniente que consulten previamente a la introducción de datos bancarios de cualquier tipo.


Fuente: Inteco 


martes, 1 de enero de 2013

Lo Que Hizo Falta

La historia de la discusión de un hijo con su padre antes de marcharse de su casa...


De adeveras te lo digo: me voy padre de tu casa… Lo digo así, ¡de tu casa!, porque no la siento mía. Porque aunque aquí he vivido desde el día en que nací, cuando empecé a comprender, comprendí, debo decirlo así, comprendí que con nacer no basta para ser tu hijo, para tener tu ternura y para tener tu cariño. Y por eso me voy, y ¡gracias! lo digo sinceramente, nada me faltó a tu lado, ni la casa, ni la escuela, ni el juguete favorito, ni la ropa que hoy me viste o el coche que ayer usé…

Pero, ¿soy tan ambicioso, parezco tan exigente si te digo que no basta, que no fue suficiente ni el dinero, ni la ropa, ni ese coche, ni esta casa, porque quiero -por que siempre quise- algo más que no me diste? Y tu abultada cartera, fuente siempre surtidora de remedios materiales, nunca tuvo los billetes para comprar un solo minuto de tu atención necesaria, de tu tiempo fundamental para ocuparte de mí.

Pensarás que fui un buen hijo, ¡Claro! porque nunca te enterabas: ¿Sabes que troné en la escuela, que termine con mi novia y corrí una borrachera en antros de mala nota, que probé la marihuana, que hacia pinta en el colegio, o que le robé a mama? No, no lo sabes, nunca hubo tiempo de pensar en cosas triviales; total, dices que “los adolescentes somos traviesos y flojos, pero que al hacernos hombres enderezamos los pasos”

¡Te equivocas no era el caso! y toda mi rebeldía era un grito de llamada al que nunca respondiste, el quizá tu ni oíste… Y si tú me preguntas en que punto me fallaste, solo podría responderte: ¡Me faltaste! Pero ¿para que le sigo? Ya no es hora para quejas. Faltó… lo que me hizo falta, ¿Qué, que voy a hacer? ¡Quien sabe! ¿Qué a dónde he de ir? ¡No importa! ¿Qué de donde hallaré el dinero para pagar esta vida a la que me has acostumbrado? No puedes creer que viva sin aire acondicionado, sin vehículo a la puerta, sin “feria” para la disco, sin las chicas, sin las fiestas, sin un padre involucrado en industrias y otras empresas, que es importante en política y que frecuenta altas esferas.

¿Qué no he de vivir sin todo esto? ¿Qué así mi vida esta hecha? ¿Y quién dijo que era vida la estancia en estos salones de los que sales y entras, donde nunca puedo verte ni decirte: “Papi hoy si te quedas”? Nunca he vivido en tu casa, nunca ha sido vida ésta. Ahora es que voy a vivir fuera de aquí, lejos de aquí, sin la esperanza de que un día vengas a mi…y nunca llegues.

Me voy padre, tus negocios en inversiones de amor se han ido a la bancarota y declaras la quiebra en el comercio de mi amor. Pagaste caro y seguirás pagando, y hoy pierdes casi toda la inversión. Pero si sacas en venta los pocos bienes que quedan, para salvar el negocio, ¡me propongo como socio! Y atiende bien a mi oferta que no habrá mejor postor. Yo te compro para padre, el tiempo que no tuviste para dárselo a tu hijo. Te lo compro todo, para gozarlo, todo ese cariño inútil que nunca supiste usar. Pagaré bien por tu risa, por tu palabra, por tu sonrisa, y pagaré más por tu caricia, tu preocupación, tu celo, tu cariño y por tu amor. ¡Te los compro!, ¡Te los compro todos!, y aunque no se bien de finanzas, podré ser un buen comprador.

Y si te vendes para padre, ¡YO TE PAGO MI CORAZÓN!.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Beneficios de la música en los niños


Escuchar música beneficia a las madres y a los hijos, tanto antes como después del nacimiento. Favorece el desarrollo neurológico de los pequeños, mejora la relajación de la madre y ayuda a establecer un vínculo entre ambos.
.
A todos nos gusta la música, se puede escuchar mientras jugamos o hacemos las tareas de casa, como fondo en una reunión familiar, para hacer ejercicio o simplemente por el placer de hacerlo. Hay música para todos los gustos y momentos y con ella podemos relajarnos o animarnos.
.
Beneficio de la música para los niños
.
madre pone música a su hijo bebéLa música mejora su aprendizaje, les ayuda a concentrarse y tranquilizarse, potencia su coordinación motriz y ayuda a la socialización. La música puede ayudar a los niños tímidos, a los inquietos, a los distraídos, a los que tienen problemas de aprendizaje o de sueño, a los rebeldes, a los hiperactivos…
..
Que escuchen música clásica, sobretodo de 0 a 3 años, les va ayudar en su futuro escolar. Mejora las aptitudes en el campo de las matemáticas y de la lectoescritura. Si además le permites escuchar melodías en lengua extranjera cuando llegue el momento de aprenderlas, le será mucho más fácil.
.
Pon música habitualmente, mientras le bañas, le das un masaje o jugáis. Varía el tipo de música en función de la actividad a realizar, usa melodías suaves cuando quieras que se calme por ejemplo en el baño o antes de ir a dormir, y más animadas cuando por ejemplo estéis jugando. Observa siempre la reacción del niño, él te hará saber que música le gusta y cual le desagrada.
.

Acerca a tu hijo al mundo musical, puedes jugar con él ha hacer música con objetos caseros como una caja o unas latas, es educativo y divertido.
.
Beneficio de la música para las embarazadas y sus bebés
.
Desde el vientre materno, el bebé oye multitud de sonidos (el corazón, la respiración, la digestión de su madre…) y todos ellos quedarán en su memoria, de manera que los recordará al nacer. Algunos de estos sonidos le calmarán en momentos de estrés, pues le recordarán cuando estaba en el vientre materno, donde todo era calma y estabilidad.
.
Elige unas canciones y escúchalas durante la gestación. Está demostrado que madres que escucharon durante su embarazo unas melodías concretas (siempre las mismas y en repetidas ocasiones), cuando nacieron sus hijos éstos respondían positivamente cuando la madre ponía esa música en particular. Esto te ayudará en los momentos que tu hijo esté nervioso (cuando no pueda dormir, tenga cólicos…).
.
Que la madre escuche música ayuda a su bebé en su desarrollo físico, intelectual y emocional, sin olvidar que potenciará el vínculo entre ella y su hijo.

Fuente: http://www.clubmadres.com

jueves, 27 de diciembre de 2012

Poner límites a los hijos


El niño no debe crecer en un ambiente autoritario en el que no se le permita desarrollar su autonomía a la hora de pensar y de actuar, pero tampoco se le debe dejar libre albedrío. Enseñarle cuales son los límites le ayudará a tener una visión real del mundo del que él forma parte.
.
Decir NO a los hijos
.
La tarea de educar no es fácil pero no le debemos tener miedo, no nos dejemos confundir por las muchas teorías que nos dicen lo que tenemos y no tenemos que hacer y que nos llevan a cuestionarnos nuestra calidad como padres. De manera natural nuestro instinto nos dice como hemos de criar a nuestros hijos pero, a veces, no le hacemos caso. La cosa está clara, queremos a nuestros hijos, queremos que crezcan sanos y felices y que lleguen a ser buenos adultos… por todo ello sabemos que la base de la educación ha de ser el amor y el cariño, aunque sin descartar la posibilidad de poner límites y decirles NO cuando sea necesario.
.
saber poner límites a los hijosEn sus primeros años, es a través tuyo, que tu hijo aprende como es el mundo que le rodea, con tus alabanzas y felicitaciones sabe que lo que hace está bien, pero que si algo está mal le reprimes ó regañas. Por ello es básico que tu comportamiento sea consecuente con lo que le quieres enseñar, no le puedes regañar por algo y limitar su comportamiento si tú también actúas de la misma manera.
.
Es importante que los padres estén de acuerdo, que se apoyen a la hora de enseñar al hijo que puede y que no puede hacer. En el caso de existir un desacuerdo no es bueno expresarlo delante del niño.
.
Has de evitar abusar del NO porque perdería su valor, utilízalo solo cuando sea realmente necesario. Hazlo sin gritar pero con tono firme y contundente para que el mensaje que le llegue al niño no sea contradictorio, por ejemplo si cuando tu hijo de un año se acerca al fuego le dices con voz dulce: “cariño no te acerques al fuego que te quemas” mientras lo alejas del peligro, no estará seguro de lo que está pasando y probablemente lo volverá a hacer.
.
Los límites son interpretados por el niño como una prohibición  de algo que quiere tener o hacer y no todos reaccionan de la misma manera ante un NO, los hay que lo aceptan y otros que se quejan y rebelan. Sea cual sea su reacción hemos de estar preparados para afrontarla y superarla, lo importante es mantenernos calmados y firmes ante nuestra decisión y no dejarnos llevar, ni superar por la conducta del niño.
.
Los límites deben ser acordes con la edad del niño y por lo tanto a medida que éste crezca, los márgenes deberán ir variando para adaptarse al desarrollo de tu hijo. Por ejemplo, es normal que a un niño de 3 años no le dejes quedarse a ver la tele hasta las 12 de la noche, pero si tu hijo de 10 años te pide quedarse hasta más tarde los sábados por la noche quizá sea hora de ampliar la hora límite para ir a la cama.
.
No uses el NO gritando o riñendo ni como una respuesta vengativa o como una herramienta para pacificar una situación.
.
Decir NO a los padres
.
Los padres también debemos tener límites, debemos ser capaces de mirarnos para detectar y reconocer nuestros errores. Debemos aprender a decirnos NO a nosotros mismos cuando sea necesario.
.
Los padres NO debemos pensar que somos una figura intransigente y rígida, que somos la autoridad de la familia y por lo tanto, que nuestros hijos deben acatar nuestras normas y hacer las cosas cuando y como nosotros digamos. Por el contrario debemos ser sus guías, han nacido en nuestra familia pero ya tienen su lugar en el mundo, ya tienen su carácter, pronto sabrán lo que les gusta y lo que no, nosotros como padres, debemos estar a su lado para mostrarles el buen camino hacia su independencia.
.
NO debemos guiar a los hijos por el camino que nosotros no pudimos ser. NO hay que vivir a través de los hijos sino con ellos. NO se debe influir en su futuro con lo que hubiéramos querido para nosotros. Escuchar a nuestros hijos, saber que opinan, nos permitirá formar parte siempre de su vida.
.
Los hijos NO se hacen personas disciplinadas por vivir en un ambiente dirigido por rutinas y normas rígidas. Por el contrario el niño que crece en un ambiente en el que se le da cariño, respeto, flexibilidad… será un adulto cariñoso, respetuoso y flexible con los demás. Porque los padres somos sus primeros maestros y porque con el ejemplo se aprende, debemos tener siempre cerca el amor y la comprensión.
.
NO te dejes llevar por la comodidad, si cuando tu hijo te pide ver un rato más de televisión accedes, aunque piensas que no es lo más correcto, pero así podrás descansar un rato antes de preparar la cena, si cuando vais por la calle tu hijo te pide chucherías se las compras, aunque sabes que luego le va a influir en su apetito, pero así te evitarás una pataleta… piensa antes si lo que consientes le beneficia o le perjudica, piensa si lo haces por él o por ti. A veces, el cansancio y la poca paciencia hablan por nosotros, pero es entonces cuando debemos ser fuertes y explicar a nuestro hijo que ya ha visto suficiente televisión animándole a jugar juntos o a leer un rato, debemos ser disciplinados con nosotros mismos y explicarle que pronto tendrá que comer mientras le distraes con una actividad de camino a casa. NO hay que consentir a los hijos con la excusa de que estarán más contentos o nosotros más tranquilos.
.
NO debemos asociar los deseos del niño con necesidades reales. No confundas el NO darle todo lo que pide con el NO quererle, muchas veces decimos “quiero que tenga lo que yo no pude tener”. Pregúntate si es más feliz un niño jugando con sus padres al veo-veo ó al escondite, o un niño solo en una habitación llena de juguetes. Cuando a un niño se le compra todo cuanto pide o cuando se le rompe algo se lo reponemos, no valorará lo que tiene, no aprenderá a usar la imaginación y lo peor de todo, es que hará de una costumbre un derecho volviéndose exigente y caprichoso.
.
NO os dejéis llevar por el sentimiento de culpa. Hay muchas situaciones que pueden llevar a los padres a sentirse culpables ante sus hijos, si trabajáis fuera de casa, si estáis separados o divorciados… situaciones que no os permiten estar al 100 % con vuestros hijos y que cuando estáis con ellos os hacen perder la objetividad, consintiendo todas sus peticiones y actitudes como justo pago.
.
NO estés constantemente negando todo por sistema pensando que si cedes en algún momento, te perderá el respeto. Se trata de que ambas partes convivan y disfruten con ello. Has de saber encontrar el equilibrio y reconocer cuando hay que relajarse y cuando hay que mantenerse firme. Por ejemplo, si cuando estás en el parque, con tu hijo de 3 años, vas detrás de él con frases como “no te subas tan alto que te caes”, “no te tires por el suelo que te manchas el pantalón nuevo”, “no te metas las cosas en la boca”… el niño se frustra antes de empezar y dejará de tener la curiosidad que lleva al aprendizaje. Lo mejor es que te preguntes ¿hay peligro?, ¿es realmente un problema que se manche la ropa?, ¿existe riesgo para su salud?. Y entonces relajarse y cambiar las frases por otras del tipo: “estás subiendo muy alto, me quedo a tu lado por si necesitas ayuda”, “madre mía como te estás poniendo, en cuanto lleguemos a casa a la ducha”, “no te metas las cosas en la boca”. Decir que NO ha de ser el complemento al SÍ que les hace entender que hay unos límites y que pueden hacer muchas cosas pero no todas.
.
Los límites según la edad
.
Los límites han de ser acordes a la edad de nuestros hijos y por lo tanto deberán variar conforme vayan creciendo y desarrollándose.
.
De 1 a 3 años:
.
A partir del primer año de edad la mayoría de niños empiezan a caminar, de repente comprenden que el mundo ya no se acerca a ellos sino que son ellos mismos los que pueden aproximarse a lo que les interesa, que suele ser todo. Es entonces cuando los padres deben de mostrar a sus hijos que hay cosas que son peligrosas y otras a las que no deben de temer. No se trata de ir detrás del niño con frases del tipo “no abras el armario”, “no bajes los escalones que te caes”, “no entres en la cocina”… primero porque te pasarías el día como un policía y segundo porque cohíbes su interés al conocimiento de sus capacidades y del mundo que le rodea. Lo mejor es que limites su acceso a todo aquello que consideras peligroso o que no quieres que trastee, usa sistemas de seguridad como cierres para puertas y cajones, barreras para escaleras y balcones, etc., aleja de su alcance todo aquello peligroso, existen infinidad de artículos para evitarle los peligros del hogar. Una vez tengas el hogar seguro deja que tu hijo explore por si mismo y si cuando al no poder abrir un cajón se enfada enséñale lo que hay dentro, satisface su curiosidad pero explícale que lo que hay dentro NO es bueno para él y que por eso está cerrado, cuando se enrabia porque quiere bajar por las escaleras pero los barrotes se lo impiden, dile que puede ser peligroso y por eso NO puede pasar y enséñale a bajar de manera segura unos cuantos peldaños. Se trata de que tú estés tranquila de dejar a tu hijo por casa para que desarrolle todas sus capacidades libremente.
.
De 3 a 5 años:
.
En estas edades los niños ya han adquirido mucha autonomía, saben caminar, saltar, correr… son muy apasionados y viven las experiencias muy intensamente, son impulsivos, curiosos, exigentes, activos y su necesidad de descubrirlo todo nos puede ser difícil de entender. Piensa que la visión que tenemos de un niño la hacemos nosotros mismos por ejemplo, si tu hijo hace construcciones con las latas de atún de la despensa podemos pensar “que trasto de niño, ya me ha empantanado la cocina” ó “hay que ver que imaginación y que buen sentido del equilibrio que tiene”, cuando salta desde un escalón más alto y al caer se reboza por la arena tu puedes decirle “!mira como te has puesto la ropa limpia!”, mientras le sacudes como a una alfombra ó “!vaya salto, ha sido impresionante!”, no olvides que tu hijo quiere aprenderlo todo y su única manera es interaccionando con lo que le rodea, sé flexible y limita solo lo que verdaderamente consideras que no es bueno ni para él ni para los demás.
.
A partir de 6 años:
.
A esta edad los niños quieren tener su lugar en el mundo, quieren hacer las cosas solos y a su manera, tienen su propio criterio de las cosas y no siempre es el mismo que el tuyo. A todos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera porque pensamos que es la correcta, pero los padres no siempre tenemos la razón, es muy importante que escuches a tu hijo, valorando y analizando su opinión. No taches a tu hijo de rebelde o digas que no escucha y discute por todo. Reconoce si él tiene razón o explícale porqué lo que tú le dices es lo mejor. Si tu no dialogas ni le escuchas él tampoco lo hará contigo. A esta edad su vocabulario es muy amplio por lo que conocer su parecer y buscar una solución conjunta es más sencillo. Por la misma razón, cuando quieren conseguir las cosas, ya no lo hacen mediante las rabietas, sino con la manipulación.
.
Hasta los 6 años hemos mostrado a nuestros hijos los peligros que hay en su entorno, ha aprendido lo que se puede o no hacer dentro y fuera de casa, saben que puede jugar con todos los juguetes que quieran pero que al final deben recoger su habitación, saben que pueden ir sueltos por la acera pero que al llegar al cruce han de dar la mano a un adulto… por lo que los límites van en otra dirección, sobretodo llegada la pubertad y la adolescencia, tenemos que enseñar a nuestros hijos que son parte de una familia, de un colegio, de una ciudad… y que deben ser respetuosos con ellos mismos y con los demás y que hay conductas, normas y pautas que todos debemos seguir. Pronto llegará el día en el que tendrás que darte cuenta de que tu hijo necesita su intimidad, y algo más de libertad. Te pedirán elegir su indumentaria, que les compres ciertos artículos o ropa “de moda”, que amplíes los horarios de llegada a casa, que le dejes ir a dormir a en casa de un amigo…, cada familia deberá de estudiar la petición y valorar los nuevos límites. Hay situaciones más fáciles de resolver que otras pero no olvides que la solución no es imponer sino reflexionar.

Fuente: http://www.clubmadres.com

Que tipo de padres sois


En una familia puede haber un padre y una madre que mantienen una estrecha relación y un elevado nivel de comunicación con su hijo; le escuchan y le animan a expresarse y verbalizar sus necesidades. Sin embargo, hay otras familias en las que son escasos los intercambios afectivos y comunicativos. Los adultos dudamos si debemos poner normas más rígidas, si tenemos suficiente autoridad, o si, a veces, es necesario dar un cachete al niño desobediente… Según la manera en que actuemos con nuestro hijo, se pueden definir hasta cuatro estilos educativos que darán lugar a consecuencias en su desarrollo personal.
.
Baumrind (1966, 1991), realizó una clasificación de los estilos educativos e, inicialmente, describió tres tipos basados, por un lado, en la combinación del grado de afecto y comunicación y, por otro lado, en el nivel de control y exigencia de los padres. Y posteriormente Brenner y Fox añadieron un nuevo estilo a la clasificación refiriéndose a los padres que escasamente se preocupan por sus hijos:
.
Estilo autoritario o centrado en el adulto
.
Se caracteriza por un alto nivel de exigencia y control por parte de sus padres, aunque el nivel de comunicación y afectividad hacia sus hijos es bajo. Las normas suelen ser impuestas sin mediar explicaciones, y el incumplimiento de éstas suele ir acompañado de amenazas o castigos. Las opiniones de los hijos no cuentan en las decisiones familiares. La actitud de los hijos ante este estilo se manifiesta con la aparición del miedo y no se muestran tal como piensan y como son, por temor a la reacción posterior (con o sin castigo) de los padres. Existen dos tipos de hijos, los que mantienen una actitud sumisa a la normativa parental y los que se rebelan antes este tipo de normas.
.
Este estilo educativo puede generar sentimiento de culpabilidad y baja estima ante la imposibilidad de cumplir los deseos de sus padres; favoreciendo sentimientos de agresividad y odio al no sentir suficiente autonomía personal, y potenciando conductas engañosas en los hijos como forma de evitar el control de los padres y sus castigos.
.
Estilo cooperativo participativo
.
En este estilo puede observarse un alto grado de afectividad y comunicación entre padres e hijos, incluyendo, al mismo tiempo, firmeza y exigencia. Los padres, con una actitud dialogante, establecen normas coherentes, pero no rígidas; admiten que tanto ellos como sus hijos se pueden equivocar. Son conscientes de las capacidades de sus hijos ante la resolución de conflictos y el papel de su apoyo. Niños y adolescentes mantienen una actitud responsable ante las dificultades y sus propias decisiones.
.
Como consecuencia de este estilo se desarrolla en los hijos el sentido de responsabilidad para que asuman las consecuencias de sus actos. Los padres inducen en sus descendientes habilidades de trabajo en equipo, enseñándoles actitudes de cooperación, de toma de decisiones y de respeto por las reglas. Los hijos poseen, así, un mayor control de las emociones y una mayor tolerancia a la frustración.
.
Estilo permisivo o sobreprotector
.
En el estilo permisivo se observan niveles muy elevados de afecto y comunicación, pero con una ausencia casi total de exigencias, siendo el adulto el que tiende a someterse a las exigencias y deseos del niño. La actitud de los hijos consiste en la dependencia que tienen con los padres y en el hecho de que saben que no se han de preocupar por nada ya que los adultos les resolverán los problemas. Ante la actitud de consentimiento los hijos se centran exclusivamente en acciones de su propio interés, volviéndose tremendamente egoístas.
.
En este caso, los niños no tienen un código de conducta marcado, pues suelen carecer de referentes y, por tanto, no saben a qué atenerse. Les falta motivación para la acción, es decir, hábitos de esfuerzo para emprender la realización de un proyecto personal. Tienden a la labilidad emocional con una baja habilidad para empalizar con los sentimientos de los demás.
.
Estilo indiferente o negligente
.
Este estilo se caracteriza por la presencia de un bajo nivel de afecto y comunicación entre padres e hijos y por la ausencia de normas. Se observa una tipología de padres fríos y distantes, con una escasa implicación en la educación de sus hijos.
.
Este estilo se ha relacionado con diferentes comportamientos negativos de los hijos, como el bajo rendimiento escolar, la delincuencia, el consumo de alcohol y drogas, la independencia social, la conducta de juego perturbada y el estrés.
.
Extracto del libro Niños y adolescentes difíciles, Asela Sánchez, Formación Alcalá

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Qué Hacer Cuando Nuestros hijos nos Agreden?

¿Sabías que el maltrato que ejercen los hijos sobre sus padres se llama violencia filio parental?. El hijo pasa a ejercer la autoridad en la familia y utiliza la violencia para mantener su ilegítima autoridad.

La violencia filio parental es una realidad que permanece latente en el seno de la familia largo tiempo. De momento, la solución pasa por denunciar y es una decisión dolorosa. Son muchos los padres que retiran la denuncia y queda sin efecto el intento de solucionar el problema. Parte de los objetivos en el manejo de este fenómeno pasa por mostrar sistemas alternativos a la hora de manejar los conflictos, donde los educadores o cuidadores deben, además de solicitar ayuda, obtenerla, y participar en tal proceso adquiriendo las competencias necesarias para modelar y preservar a los menores de la impulsividad a la hora de resolver conflictos cotidianos.

Los términos como acoso, abuso, amenaza y, por supuesto, MIEDO, se escuchan mucho por estos días con las preocupantes cifras de bullying en los colegios del mundoAhora, aunque el término no se utilice mucho en escenarios familiares, la realidad es que también hay unas situaciones preocupantes en los hogares que se le atribuyen a este fenómeno. Casi siempre se habla del maltrato hacia los niños, pero poco a poco se ha ido evidenciando que también hay una intimidación y manipulación atropelladora hacia los padres por parte de sus hijos, especialmente las mamás que usualmente son las que más tiempo comparten con ellos o porque son minimizadas por sus parejas.

Nos preguntamos como un hijo puede alcanzar tanto poder? La respuesta está relacionada con la que el victimario se cree más fuerte y superior que la víctima.

Los comportamientos violentos se podrían originar por dos situaciones diferentes y una de ellas muestra por qué un niño se sentiría con más autoridad que su mamá.

La primera, que no tiene nada que ver con el bullying sino con una condición biológica, se trata de un posible trastorno de comportamiento, por lo que requeriría atención médica.

Y la segunda, que sí ayuda a resolver el meollo del derroche de poder de algunos niños, es la educación que les han dado los mismos padres. Desde temprana edad, el manejo de límites, de enseñarles por qué no todo lo pueden conseguir, es clave para marcar pautas. Si esto no se hace o si no se corrigen conductas ‘rebeldes’ típicas de algunas etapas, no se podrían extinguir esas costumbres, por lo tanto continuarían y lo más probable es que empeoren con el tiempo. Parte de esto es el ejemplo que les des: si un padre es un abusador, seguramente su hijo también lo será.

Sí hay que reprender este tipo de comportamientos, pero debes tener mucho cuidado de no terminar siendo el intimidador de tus hijos. Evita el castigo físico y acude más a unos de tipo pedagógico. Aprende a manejar la autoridad pero sin ser AUTORITARIO. Recuerda que la violencia genera más violencia.


Cinco posibles soluciones
  1. Opta por el diálogo, eso sí, dejándole claro que la autoridad en la casa la tienes tú.
  2. Si ves que tu hijo tiene mucha energía, ponlo en más actividades lúdicas y recreativas.
  3. Intenta darle siempre el mejor ejemplo y enséñale que no todo lo puede conseguir, ¡no lo consientas taaanto!
  4. Si estamos hablando de un mayor de edad y el maltrato físico es recurrente, debes acudir a la ley.
  5. Consulta a especialistas para que identifiquen si el problema de tu hijo es biológico o psicológico.
Fuente: http://hijosypadres.wordpress.com

domingo, 16 de diciembre de 2012

Manejando Las mentiras de Tus Hijos

Cuántas veces cuando eras pequeño tus padres te dijeron que no mintieras?, que esto te traería problemas y que esta falta de sinceridad nos perjudicaría durante toda nuestras vidas, y que incluso dañarías tu vida, tu felicidad y hasta a los seres que amas???: A mí me lo dijeron y muchas veces, y saben que era lo que yo interpretaba en mi mente?

Si sigues mintiendo te meterás en problemas, ya has mentido y lo sabemos, pero si eres capaz de sostener esa mentira sin que nadie te descubra, no serás castigado!, y este para un niño es el camino más fácil, puesto que ninguno querrá ser castigado. Te aseguramos que también has experimentando que las mentiras de tus hijos se te están convirtiendo en un problema?, y que en ocasiones mienten por asuntos sin importancia?, y más preocupante aún, siguen mintiendo a pesar de las pruebas irrefutables en su contra?. A través de este artículo te daremos guias para ayudar a tus hijos a mentir lo menos posible, construyendo su personalidad. En nuestra experiencia como padres de diez años, hemos validado estas técnicas y poco a poco las hemos perfeccionado, por eso te las queremos compartir.

Hemos consultado los libros de la Dra. Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad de McGill de Montreal, una de las mayores expertas en la conducta mentirosa de los niños, ella afirma que los niños ”se acostumbran” a mentir. En sus estudios observa a los niños en entorno natural, dice que uno de 4 años mentirá una vez cada dos horas, mientras que uno de 6 mentirá 1 vez cada hora y media ¿ Cómo se desarrolla esta conducta en los niños, al punto de convertirse en un hábito?.

Si su hijo es mentiroso, tiene a quien salir. El ejemplo de los padres quizás, sea la mayor influencia que una persona recibirá como patrón para que durante su desarrollo mantenga diciendo mentiras o mantenga una conducta racional sobre ese aspecto.

“No les decimos explícitamente que mientan, pero nos ven hacerlo”, afirma Talwar. Generalmente les enseñamos decir mentiras blancas de compromiso como afirmar estar contentos con un regalo recibido, o cuando les decimos que nos nieguen ante alguien que nos busca en casa, allí les estamos enseñando a mentir, también les estamos enseñando a mentir.

La enorme mayoría de las mentiras de los adultos son mentiras blancas de compromiso, para protegerse a si mismos o a otros, como decirle a la tia que trajo galleticas que estan ricas. Al alentarlos a decir tantas mentiras de compromiso y escuchando tantas otras que los adultos decimos, los niños empiezan a sentirse cómodos con su propia falta de sinceridad . Aprenden que la franqueza genera conflictos y que mentir es la manera de evitarlos. “Aunque no confunden las mentiras de compromiso con las dichas para encubrir las travesuras.

En los niños pequeños, las mentiras tienen otra significación, nuestros hijos pequeños piensan que los padres sabemos todo, y que hasta les leemos el pensamiento. En los niños menores de cuatro años es frecuente que se mezcle el realismo con la realidad, estas mentiras suelen ser ocasionales y no se les debe dar toda la relevancia, ya que en ocasiones lo hacen para elevar su autoestima. Un ejemplo es cuando nuestros hijos dicen que hacen cosas de superhéroes y se sienten como ellos, esto hace parte del juego de sus días infantiles.

He aquí las 5 técnicas que te ayudarán a fomentar la verdad en tus hijos:


E
STA ES LA REGLA DE ORO:

  1. Si queremos disminuir el hábito de decir mentiras digámosle a nuestros hijos:
“Mientras nos digas la verdad, no te castigaremos!”, con esto queremos decir que mientras se eliminen las consecuencias de mentir, habrán menos probabilidades de obtener la verdad.

Un ejemplo, conocí una niña de 11 años que mentía acerca de sus tareas escolares, su madre la amenazó con quitarle la posibilidad de asistir a las actividades extracurriculares que tanto le gustaban. Sin embargo ella siguió mintiendo: Cuando le sugerimos a su madre que eliminará el castigo y la amenaza, no lo podía creer. No le estábamos diciendo que no charlara con ella acerca de la situación. Todo lo que le estábamos diciendo era que no tendría consecuencias por decirla verdad. Hoy esta situación ha mejorado y la niña miente mucho menos. La ventaja de esto es que los padres no tendremos que estar jugando a los detectives, ni buscando pruebas, la ventaja es que podrán juntos encarar el problema, esto fortalecerá la relación con nuestros hijos que el intento de buscar las castigos ejemplares. Eso sí esto no funcionará para los padres que nunca quieran saber la verdad. Pensamos que este es el consejo más importante de todos.


  1. Crea un ambiente familiar en donde se fomenta la verdad y se ataca la mentira, sin consecuencias ni castigos.
  2. Analiza las causas de las mentiras, en los niños esto es importante hay que evaluar su condición emotiva.
  3. No te rías de las mentiras de los niños como si fueran travesuras.
  4. Evita el autoritarismo, cuando detectes una mentira en vez de reaccionar desproporcionadamente y represivamente, es mejor combinar firmeza y razón.
Debemos tener presente que las mentiras ponen de manifiesto un fallo en la personalidad, luchar contra ella, es perder nuestro tiempo, estaremos condenados al fracaso, lo que demos hacer y asumir como conducta propia es educar para la franqueza y la confianza mutuas.

Anímate a implementar esta regla de oro!! Te garantizamos que eliminarás casi totalmente la manía de mentir en tus hijos. Garantizado.


Fuente: http://hijosypadres.wordpress.com